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Definición de Batalla de Cannas

Hay personas y hechos que, por su trascendencia, se convierten en referentes que se estudian en colegios y academias a lo largo de la historia.

Este es el caso de la Batalla de Cannas (Cannae por su nombre latino), librada el 2 de agosto del 216 a.C, y que todavía hoy es objeto de estudio en las academias militares por la forma en la que Aníbal hizo que sus tropas superaran a las romanas.

La Batalla de Cannas fue un enfrentamiento librado, en el marco de la Segunda Guerra Púnica, entre las fuerzas cartaginesas y sus aliados, comandadas por Aníbal, y las legiones romanas y sus aliados comandadas por los cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo.

Cannas constituiría el tercer gran descalabro en esta guerra para los romanos, tras Trebia y Trasimeno. Pero no adelantemos acontecimientos.

Tras la desastrosa batalla de Trasimeno, Roma nombró dictador a Quinto Fabio Máximo, el cual aplicó una política de tierra quemada y hostigamiento de las fuerzas cartaginesas.

Fabio esperaba poder contar con el tiempo suficiente para preparar un nuevo ejército romano suficientemente apto para enfrentarse con garantías a las huestes cartaginesas pero, mientras, sabía que tenía que rehuir el combate en campo abierto, ya que solamente podría contar con legiones demasiado bisoñas.

También era consciente del genio militar de Aníbal, de igual manera que sabía que los cartagineses carecían de los medios y los apoyos necesarios para atacar directamente Roma o para mantener sitios duraderos en grandes ciudades.

En su contra, se cernía el hecho de que, mientras los romanos no hacían nada más que hostigar, las huestes de Aníbal arrasaban las tierras de los aliados de Roma, con lo cual algunos de estos empezaban a sopesar el cambio de bando.

La impopularidad de estas tácticas entre el pueblo llano era también notable. Se tildaba a Fabio de cobarde, y de rehuir el combate con Aníbal. Por todo ello, al término de su dictadura, Fabio no vio renovado su mandato.

No obstante, los nuevos cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, debieron agradecer que la prudencia de Fabio les permitiera disponer del mayor ejército romano reunido hasta la fecha, y cifrado en cerca de 90.000 hombres, según las fuentes.

La toma de Cannas, un centro de abastecimiento para Roma, hizo decidir a los cónsules a marchar a la batalla, con gran júbilo por parte de las multitudes, que esperaban y anhelaban un rápido final para la guerra.

De los 90.000 hombres que reunieron los romanos, unos 6-7.000 correspondían a caballería, mientras que el resto eran infantes. Ante estos, Aníbal podía alinear unos 55.000 hombres, unos 8.000 de ellos de caballería y el resto infantería. El desequilibrio era evidente.

No obstante, el mando romano (que debía alternarse entre ambos cónsules) estaba dividido en cuanto a procederes, con el cónsul Varrón más temerario e impulsivo, mientras que Emilio Paulo era más reflexivo y menos osado.

Conociendo el carácter de ambos, Aníbal sabría explotar estas diferencias, atacando cuando Varrón se encontraba al mando.

Los días previos a la Batalla, con ambos ejércitos acampados frente a frente, se dieron diversas escaramuzas, con el control río Aufidus como eje.

El día de la batalla, los romanos optaron por la táctica más corriente en las batallas clásicas: la infantería en el centro, con la caballería protegiendo las dos alas. Dicha formación daba a los ejércitos la capacidad de resistir en el centro y responder rápidamente desde las alas con la caballería a cualquier embestida exitosa del enemigo, reforzando las propias líneas.

La formación cartaginesa, en cambio, presentaba un semicírculo con el centro apuntando hacia afuera, hacia las líneas romanas, con la caballería también repartida en las alas, pero con mayor número de efectivos en el ala izquierda.

La formación de infantería de Aníbal daba la falsa impresión de ser más débil que la romana, aunque el general cartaginés había situado sus mejores y más disciplinadas tropas en el centro, precisamente donde quería que los romanos atacaran.

Pese a que tal elección le hubiera parecido una temeridad o un auténtico suicidio a más de un estratega de la época, pero Aníbal sabía lo que se hacía, y cuando los dos ejércitos avanzaron, hizo retroceder a su centro mientras avanzaban los flancos.

De esta forma, lo que era un semicírculo saliente hacia el frente romano se convirtió muy pronto en uno que envolvía a las legiones.

Paralelamente, la caballería púnica del ala izquierda, derrotaba rápidamente a su homóloga romana a la que se enfrentaba, y cuando esto sucedió, una parte de dicha caballería cruzó rápidamente el campo por detrás de la retaguardia romana para atacar a la caballería romana que protegía el ala izquierda de la formación romana por detrás y aniquilarla.

A medida que el centro romano avanzaba, Aníbal lo dejaba progresar de forma controlada, retrasando sus tropas, pero solo en el centro, mientras las alas resistían o, incluso, avanzaban.

Pronto la formación cartaginesa empezó a envolver a la romana, a rodearla.

Esa era la intención de Aníbal, que rodeando a los romanos, les quitaba su principal ventaja: la superioridad numérica.

Al encontrarse en la circunferencia interior del círculo, la línea romana era más pequeña que la cartaginesa, por la que un menor número de legionarios se encontraba frente a los guerreros cartagineses.

A partir de ese momento, la masacre que las tropas de Aníbal propinaron a los romanos fue total.

Sin espacio para maniobrar y aterrorizados por no poder escapar de aquel círculo infernal, los legionarios y sus mandos que se encontraban dentro, tenían que ver como sus compañeros de armas de primera fila iban cayendo uno tras otro, y sabiendo que, indefectiblemente, aquel era también su final, solo era cuestión de tiempo.

De los cerca de 90.000 hombres que componían inicialmente el ejército romano que se enfrentó a Aníbal en Cannas, se calcula que entre 50 y 70.000 habrían podido perder la vida, y que la cifra de prisioneros no bajaría en ningún caso de los 10.000, aunque como todo en el mundo antiguo, existen diferentes cifras según los historiadores que han tratado la batalla.

Las consecuencias del desastre fueron que el ejército romano no se atrevió a volver a plantar cara a Aníbal en Italia a campo abierto, y la estrategia romana pivotaba a privar al cartaginés de sus recursos atacando la retaguardia en Hispania.

Los romanos también analizaron los pormenores de la batalla, y con las conclusiones que extrajeron de estos, modificaron ciertos aspectos de su ejército.

Aníbal tampoco supo explotar bien el éxito de Cannas, lo que combinado con la reorientación estratégica de la guerra que llevó a cabo Roma, permitió que esta última obtuviera la victoria en el conjunto de la guerra.

Cannas, así como lo habían sido Trebia y Trasimeno, acabaron resultando victorias pírricas para Aníbal.

He dicho al principio que la táctica utilizada por Aníbal es todavía hoy objeto de estudio en las academias militares. Esto es así por ser la primera vez en la historia que se realizaba una “maniobra envolvente”.

La de Aníbal puede ser considerada “de manual”, el problema es que, entonces, no había manual donde estuviera escrita, el lo creó. Y ese es precisamente el mérito del gran general.

Foto: Fotolia

 
 
 
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