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Definición de Ralentizar

Ralentizar es la acción de hacer un trabajo o actividad más lentamente disminuyendo su velocidad de ejecución.

Ralentización de la economía

Entre los campos es lo que más habitualmente se utiliza el término ralentizar, el de la economía es uno de los más destacados y presentes en nuestro día a día. Durante los últimos años la expresión “ralentización de la economía” se ha hecho muy común a raíz de la crisis económica de 2008.

Esta ralentización significa que la economía ha dejado de crecer al ritmo que lo hacía previamente, lo cual tiene su reflejo en un aumento del desempleo, un incremento de la deuda pública, una disminución del PIB real y un descenso de la inversión entre otros muchos factores.

Ralentización del metabolismo y pérdida de peso

Otra de las expresiones más comunes en las que se incluye el término ralentizar es la de “ralentización del metabolismo”, lo que significa una disminución del ritmo vital. En algunos animales esta ralentización se asocia con la hibernación, mientras que en los seres humanos se utiliza en relación a la pérdida o ganancia de peso.

El metabolismo influye enormemente en el peso. Su ralentización hace que el organismo necesite quemar menos calorías para mantener sus funciones vitales, lo que a su vez implica que sea más difícil perder peso. La dieta y el ejercicio físico son dos aliados básicos para acelerar el metabolismo y mejorar la quema de calorías.

Además, la edad también juega un papel importante en esta ralentización del metabolismo, ya que los jóvenes tienen una tasa metabólica mucha más alta que las personas de edad avanzada. Esto se debe principalmente a que conforme envejecemos vamos perdiendo masa muscular a la vez que aumenta la cantidad de grasa, lo que lleva a que el cuerpo no precise de quemar tantas calorías como antaño.

Ralentizar el tiempo

Técnicamente es imposible poder ralentizar el tiempo, sin embargo, existen algunos detalles en los que se puede trabajar para que nuestra percepción del mismo sea diferente.

Un ejemplo clásico de ello es la sensación de que conforme vamos creciendo el tiempo pasa cada vez más deprisa. Esto es debido a que cuando se es un niño es muy fácil encontrarse con cosas nuevas que atraen nuestra atención y hacen que le demos importancia a detalles a priori insignificantes. Por el contrario un adulto deja de fijarse en las pequeñas cosas, perdiendo la capacidad de sorpresa y centrándose sólo en los grandes acontecimientos.

Numerosos científicos dicen que si un adulto fuese capaz de volver a sorprenderse como cuando era un niño volvería a tener la sensación de que el tiempo pasa mucho más despacio.

Fotos: iStock - livecal / stagnatilis

 
 
 
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