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Definición de Monarquía Absoluta

Tal como lo dice su nombre, la monarquía absoluta es un tipo de gobierno o de organización política en la cual la persona que tiene el poder lo concentra todo en su persona, de manera absoluta, negando espacio para otras instituciones independientes o para la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), característica básica de la democracia.

Forma de gobierno en la que una sola persona, el rey, asume la autoridad absoluta y el resto de las instituciones quedan supeditadas a su decisión

El individuo que concentra el poder en las monarquías absolutas es un monarca o rey, autoridad máxima al cual están supeditadas el resto de las instituciones, que ha accedido al cargo a través de la herencia, es decir, fallece o abdica el padre, y entonces asume el primogénito, o sea, el hijo más grande.

En tiempos remotos solamente ese lugar podía ser ocupado por el primer hijo varón, quedando relegada la mujer, en tanto, la pérdida de vigencia de la ley sálica que establecía esto, generó que las mujeres también tengan esa posibilidad.

Justamente otro de los rasgos característicos de esta forma de gobierno es su carácter de hereditaria, el rey permanece en el poder hasta que muere, sucediéndole su heredero, que normalmente es alguien de su propia familia, su hijo, hecho que hace la familia real mantenga su poder

La monarquía absoluta es un modo de asegurar que el poder no se dividirá entre varios estados, esferas o poderes y de ese modo afirmar que la persona a cargo del poder será la única responsable de tomar las decisiones.

Si bien siempre han existido diversas formas de este tipo de gobierno, incluso hasta la actualidad, el período de mayor desarrollo de esta forma de gobierno en Occidente fue desde la segunda mitad del siglo XVII y todo el siglo XVIII especialmente en Francia con Luis XIV y sus sucesores.

La monarquía absoluta establece que solo el monarca de turno es el único capaz de tomar decisiones y gobernar la región en cuestión.

El rey recibe el poder directamente de Dios, un postulado incuestionable

Para asegurarse que esto sea respetado, la monarquía absoluta solía utilizar la noción de derecho divino, la cual supone que el rey recibe el poder del mismísimo Dios y no del pueblo.

Esto significa que no hay nadie que pueda cuestionar su poder ya que él se erige por sobre el resto de los habitantes y además es el rey el único representante de Dios en la Tierra.

Especialmente esta idea sería la que empezaría a entrar en crisis con los nuevos planteos filosóficos del siglo XVIII conocidos como la Ilustración que terminaron llevando a Francia a la famosa Revolución Francesa.

La Revolución Francesa marca el comienzo del fin de esta forma de gobierno y su adaptación a nuevas formas más democráticas

La hegemonía que disponía la monarquía entró en crisis y perderá fuerza cuando sucede la Revolución Francesa en el año 1789, a partir de este momento y de modo progresivo, las monarquías absolutas fueron adaptándose a las nuevas propuestas y valores, especialmente los asociados a la democracia.

Como principal consecuencia de esto el poder del monarca pasó a ser simbólico y a estar subordinado a lo que el pueblo, nuevo soberano, quería, y que lo expresa a través de las urnas eligiendo a los representantes del Parlamento.

Este cambio dio paso a una nueva forma de gobierno conocida como monarquía parlamentaria y que al día de hoy está vigente en muchos países de Europa que tradicionalmente fueron monarquías absolutas, tal es el caso de España, Reino Unido, Bélgica, Holanda y Noruega, entre otros.

Y no podemos soslayar que en muchos países que hoy son totalmente independientes y están organizados bajo la democracia, tal es el caso de Canadá, Australia, y Nueva Zelanda, siguen respetando y manteniendo la figura del rey como símbolo.

Para la monarquía absoluta no hay posibilidad que exista otro poder que no sea el del rey.

Así, también se niega la idea de división de poderes porque se considera que los mismos pueden convertirse en un obstáculo para aquel que gobierna.

El rey sí puede contar con ministros, ayudantes y funcionarios a su cargo que realizan y ejecutan sus decisiones y medidas pero estos nunca tienen un rol predominante sino solamente de consulta o ayuda.

El monarca es el único que ejecuta y toma las decisiones de su gobierno y nada de lo que se decide no pasa antes por sus manos.

Las monarquías absolutas han sido muy comunes en toda la historia mundial, tanto en Oriente como en Occidente.

Desde fines de la Edad Media hasta fines del siglo XVIII la monarquía fue la forma política preponderante en Europa y gran parte de América desde que esta fue conquistada por los europeos.

Si bien Occidente comenzó a dejar de lado esta idea de poder absoluto a partir de la Revolución Francesa, algunas regiones de Oriente todavía se organizan bajo la misma.

 
 
 
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