General » Magnanimidad

Definición de Magnanimidad

Definición conceptual

La magnanimidad (del latín magnanimĭtas, magnanimĭtātis) es la cualidad que hace a las personas benevolentes y generosas, asociada a la grandeza y a la elevación del espíritu. Se dice que alguien es magnánimo o magnánima cuando muestra una gran honra y generosidad, o cuando emprende una tarea de gran envergadura sin importar sus dificultades. En filosofía, la magnanimidad ha sido pensada como una de las virtudes humanas.

Lilén Gomez | Feb. 2022
Profesora en Filosofía

La magnanimidad en la filosofía aristotélica

Aristóteles concebía a la magnanimidad como una auténtica virtud. En el sentido común de su época, era posible encontrar diferentes concepciones de la magnanimidad, si bien existe un patrón común que la asocia con el amor por el honor. En la Retórica, Aristóteles la describe como una virtud que genera beneficios, puesto que implica considerarse a uno mismo como merecedor de aquello de lo que se carece. En situaciones difíciles, es cuando se evidencia más claramente la magnanimidad, en la actitud de realizar planes ambiciosos a pesar del infortunio.

No siempre una acción magnánima es correcta, porque, al centrarse en el honor propio, puede resultar también autoindulgente u obstinada. Luego, la magnanimidad podría resultar moralmente ambigua, ya que entraría en conflicto con otros valores morales.

La aproximación de Aristóteles en sus tratados éticos a la magnanimidad sugiere un punto de vista que se separa del sentido común. La magnanimidad es la virtud concerniente al honor, pero no cualquier honor, sino el más elevado, a saber, el que viene de las personas rectas. Así, la magnanimidad estaría asociada con un correcto juicio acerca de lo que merece honor, los bienes por los cuales alguien merecería ser honrado. Sería, así, una actitud selectiva hacia los bienes y las personas que honran por esos bienes, que implicaría rechazar los juicios de quienes valoran cosas poco importantes y, por el contrario, tomar los juicios de valor verdaderos. Ahora bien, el acto magnánimo no debe, tampoco, confundirse con una aspiración desmedida hacia aquello que no sea merecido.

Se trata, entonces, de adoptar una actitud moderada hacia los bienes externos, de modo que no se suscite ni un regocijo exagerado ante la buena fortuna ni una fuerte congoja ante la mala. Esto radica, en definitiva, en la idea aristotélica de que la felicidad, en gran medida, depende de la persona misma y no de las condiciones externas, puesto que, aunque éstas la priven de felicidad, no le impiden sobreponerse a ellas. Lo decisivo en la magnanimidad aristotélica es, así, la actitud apropiada de valoración de los grandes honores, conservando siempre la moderación respecto de ellos.

La magnanimidad según Santo Tomás de Aquino

En la Summa Theologiae, la magnanimidad aparece como una de las partes de la virtud de la fortaleza, caracterizada por el acto de aspiración a lo absolutamente grande, aún con poco. A su vez, la mayor aspiración posible del hombre es el honor. Por lo tanto, la magnanimidad estaría relacionada con la aspiración a los grandes honores, incluso en tiempos difíciles. Dicha aspiración consiste en un movimiento doblemente ligado al intelecto y a la voluntad. Así, hay en la definición tomista una resonancia aristotélica, en cuanto lo propio de la magnanimidad no es solamente la aspiración a los grandes honores por sí misma, sino que ella debe ser acompañada por la templanza del espíritu y, al mismo tiempo, se relaciona directamente con la dificultad que suponen los actos que conducen a esos honores: existe una identidad entre lo difícil y lo grande.

Ahora bien, desde la perspectiva de Santo Tomás, solamente pueden alcanzar los grandes honores quienes los reciben como una recompensa divina. La persona magnánima sólo puede conseguir aquellos honores una vez que descubre, en la Trinidad, su imagen y semejanza, en la medida en que el hombre aspira a las cosas grandes porque ha descubierto a Dios en su propio ser. El hombre participa de la grandeza de Dios y, solamente por ello, puede aspirar a la excelencia en la virtud. Ahora bien, la magnanimidad, por la que el hombre se reconoce en Dios y, entonces, aspira a grandes cosas, debe ser acompañada por la humildad, en la que reconoce sus propios defectos. El núcleo de la magnanimidad tomista, entonces, es la relación que la vincula, como parte de la virtud de la fortaleza, con la humildad, como parte de la virtud de la templanza.

Referencias bibliográficas

Irwin, T. H. (1999) Algunas consideraciones sobre la concepción aristotélica de la magnanimidad. Areté, Revista de filosofía, Vol. XI, 1-2, pp. 195-217.

Marín-Porgueres, F. J. (2007) En torno a la virtud de la magnanimidad. La magnanimidad según Santo Tomás en la Summa Theologiae. Studia Moralia, Vol. 45, 2.

 
 
Autora: Lilén Gomez | Sitio: Definición ABC | Título: Magnanimidad | Fecha: Feb. 2022 | URL: https://www.definicionabc.com/general/magnanimidad.php

Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
 
 
Temas en Magnanimidad
 
Índice
  • A
  • B
  • C
  • D
  • E
  • F
  • G
  • H
  • I
  • J
  • K
  • L
  • M
  • N
  • O
  • P
  • Q
  • R
  • S
  • T
  • U
  • V
  • W
  • X
  • Y
  • Z