Definición de Habilidad

1. Facultad natural manifiesta respecto a una actividad, de nivel físico o intelectual, con la que se nace, incorpora, practica y/o potencializa que distingue la singularidad de la persona.

Etimología: Por los modos del latín habilĭtas, habilĭtātis, sobre la forma adjetiva habĭlis, en cuanto alguien apto o que puede realizar una cosa, asociado al verbo habēre, por ‘tener’, y el sufijo -dad, en propiedad de cualidad conforme la sustantivación a base del adjetivo.
Cat. gramatical: Sustantivo fem.
En sílabas: ha-bi-li-dad.

Habilidad

Lilén Gomez | Mayo 2022
Profesora en Filosofía

La habilidad es la capacidad, tanto física como mental, de llevar a cabo una determinada acción frente a una situación dada. Dentro del campo de las ciencias sociales y las humanidades —especialmente, bajo el área de la psicología cognitiva—, se ha debatido ampliamente acerca del concepto de las habilidades del ser humano, a saber, si estas son innatas o adquiridas, de qué manera llegan a desarrollarse, entre otras cuestiones.

Habilidades sociales y cognitivas

El desarrollo de las habilidades cognitivas y sociales del ser humano puede ser comprendido como un proceso que depende de los aprendizajes que el individuo experimenta a lo largo de su vida, es decir, en tanto una característica del hombre que está condicionada por las condiciones materiales y el entorno social en el que se desenvuelve desde su nacimiento. Estas consisten en las capacidades de interacción simbólica con el medio que hacen a un individuo competente para relacionarse con otros. Tales habilidades se entrelazan conformando una estructura cognitiva que se va complejizando a lo largo del tiempo.

A la base de esa estructura, se hallan las habilidades más primarias, como discriminar diferentes objetos o estímulos, y, luego, aparecen habilidades con mayores grados de abstracción, como la identificación y formulación de conceptos, la construcción de problemas, o la aplicación de reglas para resolverlos.

De acuerdo con el tipo de operación mental en cuestión, las habilidades cognitivas pueden clasificarse en grandes grupos: la cognición, relativa al descubrimiento o reconocimiento; la memoria, por la cual se retiene aquello que se conoce; el pensamiento divergente, a partir del cual el pensamiento puede avanzar en diferentes direcciones —por ejemplo, cuando se lleva adelante una investigación—; el pensamiento convergente, que sintetiza la información; y, por último, la evaluación, en virtud de la cual se toma una decisión en función de un balance entre los aciertos y errores dados en una situación.

Por otra parte, según su contenido, las operaciones pueden distinguirse como figurativas, cuando el contenido es aquello que se percibe por medio de los sentidos; simbólicas, cuando los contenidos se expresan mediante símbolos; semánticas, cuando se expresan bajo ideas; o comportamentales, cuando hacen referencia a la inteligencia social. En la medida en que se combinan ambas clasificaciones, se obtiene como resultado habilidades más complejas, que dan lugar a distintos “productos” cognitivos.

No obstante, no existe una única clasificación exhaustiva de cuáles son las habilidades específicamente características del ser humano, que pueda dar cuenta de todas las variantes y matices entre las diferentes habilidades humanas y competencias ligadas a aquellas.

Críticas al concepto de competencia o habilidad social

Si bien hay consenso en la comunidad académica respecto de la necesidad de los seres humanos de otras personas para crecer y desarrollarse, el modo en que ocurren tales intercambios sociales y sus finalidades son temas de controversia. Así, la sociabilidad humana puede ser pensada, por ejemplo, como un fin para el desarrollo de las capacidades personales, o bien, como una realidad constitutiva de los individuos, sin una finalidad instrumental.

Una crítica posible a la noción de las habilidades sociales apunta al hecho de que aquella se presenta dentro de un horizonte normativo, cuyos objetivos apuntan a regular las conductas de los individuos dentro de la sociedad en función de intereses definidos previamente; sin considerar el papel activo de los sujetos que forman parte de tales procesos y entendiendo las conductas sociales desde una perspectiva meramente instrumental.

Habilidades motrices

Desde un punto de vista físico, el ser humano presenta, a lo largo de las distintas etapas de su desarrollo, diferentes habilidades motrices. Estas consisten en un conjunto de movimientos y acciones corporales, los cuales se relacionan estrechamente con las capacidades perceptivas del individuo. Las habilidades motrices básicas son aquellas que se consideran fundamentales para el desarrollo de los aprendizajes motores posteriores, es decir, son las más elementales. Estas comprenden el control del movimiento del propio cuerpo (mediante desplazamientos, saltos y giros) y la manipulación de objetos (lanzamientos y recepciones).

A partir de estos movimientos, los individuos, desde su nacimiento, logran explorar el medio que los rodea y desarrollar capacidades perceptivo-motrices más complejas, tales como la auto-percepción corporal, la estructuración espacio-temporal, el equilibrio y la coordinación. Con el paso del tiempo, tales habilidades se perfeccionan y dan lugar a otras, en función de la práctica.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Art. actualizado: Mayo 2022; sobre el original de noviembre, 2008.
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Referencias

Gatti, B. A. (2005). Habilidades cognitivas y competencias sociales. Enunciación, 10(1), 123-132.

Bascón, M. A. P., & FÍSICA, E. (2010). Habilidades motrices básicas. Montalbán Córdoba, España.

De Dicastillo Rupérez, N. L., Redín, C. I., & TORRES, M. C. G. (2004). Aproximación y revisión del concepto «competencia social». Revista española de pedagogía, 143-156.
 
 
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