Definición de Filosofía Kantiana

El filósofo prusiano Immanuel Kant (1724-1804), fundador de la teoría conocida usualmente bajo el nombre de criticismo o idealismo trascendental, fue uno de los más influyentes en la historia del pensamiento de Occidente. Sus ideas, así como el movimiento filosófico que se ha generado a partir de ellas, se consideran revolucionarios para su época. El propio Kant en la Crítica de la Razón Pura (1781), su obra más reconocida, refiere a tales transformaciones bajo la denominación de un giro copernicano respecto de la tradición, haciendo alusión a las profundas modificaciones introducidas por Copérnico que cambiarían por completo las concepciones de la astronomía.

Lilén Gomez | Feb. 2022
Profesora en Filosofía

El recorrido intelectual de Kant

Al iniciar sus estudios en la universidad, Kant se acerca a la doctrina newtoniana y a la metafísica leibziano-wolffiana. Ambas fuentes fueron, en sus comienzos, fuertes influencias sobre las temáticas de los escritos tempranos del filósofo. No obstante, se trataba de fuentes que chocaban entre sí: la nueva ciencia obligaba a separarse de la metafísica. La herencia de cuño racionalista, a través de Leibniz y Wolff, entraba en contradicción con la herencia científica newtoniana.

La obsesión de Kant fue, entonces, encontrar un fundamento científico para la metafísica, que permitiera reestructurarla rigurosamente para alcanzar unos resultados y una madurez como los que había alcanzado la física. Así, fue explorando diversos modos de conciliación entre ambos ámbitos, hasta alcanzar una formulación del problema en términos metodológicos acerca de los fundamentos del conocimiento. La metafísica debía seguir el mismo método que Newton introdujo en el campo de la física, es decir, investigar las reglas según las cuales ocurren los fenómenos, pero debía hacerlo mediante la experiencia y con las herramientas de la geometría. El resultado de dichas formulaciones será una extensa investigación que dará origen, finalmente, a la Crítica de la Razón Pura.

Ya, desde entonces, Kant establece una separación entre el tipo de conocimiento propio de la ciencia, la metafísica y la ética, señalando que las facultades humanas que corresponden a uno y a otro son diferentes. Podemos conocer gracias a nuestra facultad teórica, mientras que captamos el bien a través de un sentimiento moral. Así, se iba delineando la distinción que marcará la esfera propia de cada una de las tres Críticas: Razón Pura (1781), Razón Práctica (1788) y Juicio (1790).

El despertar del sueño dogmático

Kant recibe más tardíamente la influencia de la teoría empirista de David Hume (1711-1776), respecto de quien afirma en los Prolegómenos a toda metafísica futura (1783) que “lo despertó de su sueño dogmático”, haciendo referencia a la metafísica en la que él se había formado como “dogmática”. El análisis humeano del Principio de causalidad remitía la relación causal a un hecho contingente y subjetivo, una determinación que la mente proyecta sobre el mundo. Como resultado, no sólo quedaba planteada una posición escéptica respecto de la metafísica, sino un problema grave para la ciencia empírica, puesto que, si las conexiones causales no son más que un mecanismo de asociación de ideas, se ponía en juego la objetividad científica.

Kant ve el problema que marca Hume y busca resolverlo resguardando la objetividad de la ciencia newtoniana, lo cual supone repensar el problema de la posibilidad de la metafísica que la fundamenta. Y, a su vez, de cómo dar cuenta de los conceptos puros que se originan a priori en el entendimiento que nos permiten conocer lo real, sin remitirse a un Dios garante (como lo había hecho Descartes) ni a una armonía prestablecida (como Leibniz).

El giro corpernicano

La Crítica de la Razón Pura, entonces, tendrá como objetivo indagar sobre el problema de la posibilidad de la metafísica, a través de una investigación de la razón en su uso puro, independiente de la experiencia. La razón debe investigarse a sí misma para establecer sus propios límites, luego, se trata de una investigación a priori sobre la posibilidad de un conocimiento a priori. Cuando Kant describe el programa de su obra como un “giro copernicano”, hace referencia a que, hasta ese momento se había supuesto que nuestros conocimientos dependen de los objetos, lo cual había derivado en el fracaso de la metafísica, porque de ese modo nada puede conocerse a priori acerca de ellos.

En cambio, si suponemos que los objetos son constituidos por nuestros conceptos, entonces podemos conocer algo de ellos antes de que nos sean dados en la experiencia. Con el giro copernicano, el conocimiento pasa de estar determinado por el objeto a estar determinado por las estructuras de la subjetividad trascendental.

Repaso de las obras del corpus kantiano

Además de la Crítica de la Razón Pura —que, como vimos, se enfoca sobre las posibilidades del conocimiento humano—, destacan la Crítica de la Razón Práctica —cuya cuestión principal es la indagación acerca de la razón en su uso práctico, aquél que se vincula con la capacidad de determinar la voluntad y las acciones morales—; la Crítica del Juicio —que explora la dimensión de la razón como mediadora entre el ámbito de la legalidad necesaria propia de la naturaleza y el ámbito de la libertad— y la Antropología en sentido pragmático —centrada en la dimensión cultural del ser humano— todas ellas relevantes por sí mismas.

Cada una de estas obras da respuesta a las cuatro preguntas fundamentales planteadas por la filosofía kantiana, correspondientes a los diversos ámbitos del pensamiento: ¿qué puedo conocer? (Metafísica), ¿Qué debo hacer? (Moral), ¿Qué cabe esperar? (Filosofía de la Religión), y ¿Qué es el hombre? (Antropología).

 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea. Feb., 2022.
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