Definición de Filosofía Cínica

Cínica remite a la escuela filosófica fundada en la antigua Grecia durante el período helenístico, en la segunda mitad del siglo IV a. C, en contexto de una profunda crisis estructural de la cultura griega.

Lilén Gomez | Ene. 2022
Profesora en Filosofía

La escuela Cínica forma parte de un movimiento de distintas corrientes filosóficas que, como respuesta a la situación política, económica y social, elaboran diversas reflexiones sobre aquellos modos de vida que conducen hacia la felicidad.

Diferencia entre el cinismo filosófico y el cinismo popular

En primer lugar, no debe confundirse el concepto de cinismo (del griego kynismós) en filosofía con la noción vulgar de cinismo en el lenguaje común. En la Antigüedad, la escuela cínica se conformó como una corriente de pensamiento que confrontaba con la filosofía idealista representada por la Academia platónica. En el lenguaje contemporáneo, el término “cinismo” recupera algunas características que fueron asignadas a los representantes de la escuela filosófica griega en relación con sus modos de vida, a saber, se entiende hoy por “cínico” a alguien que desprecia las convenciones sociales y normas morales, sin remordimiento. No obstante, se trata de una cualidad que, en la actualidad, no está necesariamente ligada a una corriente de pensamiento.

Por otra parte, cabe señalar la dificultad de llevar a cabo una reconstrucción sistemática de la filosofía cínica, ya que, en muchos casos, existen discrepancias entre las fuentes que reúnen testimonios, comentarios y anécdotas acerca de dicho pensamiento. En esta línea, el concepto mismo de “escuela” o “corriente” filosófica puede ponerse en cuestión, en la medida en que no es evidente que el cinismo constituya una escuela uniforme de pensamiento o, más bien, un modo de vida; puesto que, justamente, uno de sus pilares es la crítica a la teoría entendida como una esfera separada e independiente de la praxis vital.

Por último, en relación con la figura de Diógenes de Sinope —como veremos, uno de los principales referentes de la filosofía cínica—, ocurre algo similar al conocido problema socrático, es decir, no es posible determinar con certeza si se trata de un individuo histórico o de un personaje “ficcional”.

Los valores de la filosofía cínica

Si bien se reconoce a Antístenes como fundador de la escuela cínica, fue la figura de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes “el perro”, la que se popularizó como representante de los valores cínicos, al llevarlos adelante a través de su propio modo de vida. El principio básico de la filosofía cínica sostiene que, para alcanzar la felicidad, es preciso vivir una vida acorde a la naturaleza. En este sentido, las normas morales resultan un obstáculo para alcanzar la felicidad: si observamos a los animales, éstos satisfacen sus deseos de manera inmediata, sin atender a otros criterios más que los biológicos. En cuanto esos criterios se vuelven morales en la sociedad humana, paralelamente, los deseos se transforman en insatisfacibles, por lo que jamás se alcanza la felicidad.

La praxis vital, es decir, el modo de vida, aparece entonces como el ámbito en el cual dichos valores pueden ser subvertidos a través de un arte de vivir orientado hacia la libertad y la felicidad. La dimensión de la corporalidad pasa a ser central, como contrapartida de la filosofía idealista platónica, que consideraba al cuerpo en términos de degradación frente a la idea. Para los cínicos, el cuerpo y los placeres corporales son constitutivos de la potencia de actuar libremente, por lo tanto, no deben ser suprimidos del pensamiento, como quería Platón.

Los cínicos y la política

Para la filosofía cínica, estética, ética y política resultan esferas entrelazadas en la praxis vital: reivindicar el cuerpo y su capacidad sensible como el lugar desde el cual pensar la propia conducta, el éthos, se vuelve una cuestión eminentemente política por cuanto disloca la separación entre lo público y lo privado en el contexto de la polis. El conocimiento, siguiendo la filosofía platónica, era algo propio del intelecto y, por ende, correspondía a los sabios gobernar. El cínico subvierte este entramado conceptual: la vida no debe seguir preceptos meramente intelectuales, por lo tanto, el gobierno tampoco corresponde al sabio; por el contrario, si la libertad se comprende en esos términos, se reduce a la servidumbre. Así, Diógenes obtuvo el apodo de “perro”, porque su comportamiento público contradecía las convenciones sociales, ya que no pretendía ocultar los rasgos de la animalidad propia de lo humano.

 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea. Ene., 2022.
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Referencias

Baquero Gotor, A. (2020) La traición a Diógenes. Lecturas contemporáneas de la filosofía Cínica. Prensas de la Universidad de Zaragoza.

Vásquez Gómez, V. (2017). El escándalo cínico de la libertad: un estudio sobre el concepto de parrhesia en Diógenes de Sinope. Universidad del Valle.
 
 
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