Definición de Estado de Naturaleza

El estado de naturaleza consiste en un estadio hipotético de la humanidad, previo a la conformación de las sociedades civiles a través de un contrato social. Se trata de una hipótesis compartida por los autores perteneciente a la corriente de pensamiento contractualista moderno (s. XVII y XVIII) en el ámbito de la filosofía política.

Lilén Gomez | Julio 2022
Profesora en Filosofía

Si bien cada autor ha caracterizado de diferentes maneras al estado de naturaleza como punto cero de la vida social, se mantienen como constante dos rasgos que son aceptados en tanto esenciales a todos los hombres que nacen en esa condición, a saber, éstos son siempre considerados como libres e iguales.

Thomas Hobbes

Thomas Hobbes (1588-1679) es considerado como el autor que ha sentado las bases del contractualismo moderno. En su obra Leviatán, o La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil (1651), explica el origen del Estado republicano como resultado de un pacto entre hombres libres e iguales. El estadio previo, que conduce a los hombres naturales a pactar entre sí la fundación de una sociedad política, está caracterizado por el hecho de que cada uno de ellos posee el derecho a todas las cosas.

En la medida en que todos los individuos son iguales entre sí, todos tienen el mismo derecho a los bienes de la naturaleza y, por lo tanto, cuando dos hombres desean el mismo objeto, necesariamente ello conduce a la discordia. El estado de naturaleza se halla signado por una guerra de todos contra todos, porque lo más razonable para asegurar la seguridad propia, cuando no hay ningún arbitrio social, es anticipar el ataque antes de ser atacado por otros.

Todo hombre se convierte, así, en enemigo de los demás hombres; de modo que, en el estado de naturaleza, reina esencialmente la hostilidad. No obstante, la razón también dicta como fin último que el hombre debe buscar la paz con el fin de autoconservarse, y ello supone ceder su derecho a todas las cosas —motivo de la guerra de todos contra todos—, contentándose con tanta libertad contra otros hombres como consentiría a ellos contra sí mismo. Luego, en cuanto todos los hombres acuerdan deponer su derecho a todas las cosas en pos de la paz y pactan ingresar a la sociedad civil, en consecuencia, abandonan el estado de naturaleza.

John Locke

En el Segundo tratado sobre el Gobierno Civil (1689), John Locke (1632-1704) propone una caracterización del estado de naturaleza que difiere sustancialmente de la de Hobbes. Desde su perspectiva, se trata de un estado de perfecta libertad para que cada hombre ordene sus acciones y disponga de las posesiones y de las demás personas como juzgue oportuno, sin depender de la voluntad de ningún otro hombre, pero sí debiendo ceñirse a la ley natural.

Al ser iguales, los hombres tienen permitido disfrutar de la naturaleza del mismo modo y hacer uso de las mismas facultades que les ha conferido Dios. Sin embargo, el hombre no tiene libertad de destruirse a sí mismo ni a ninguna criatura de su posesión, por lo tanto, cuando éste daña a otro respecto a su vida, su libertad o sus posesiones, todos los demás hombres adquieren derecho a castigarlo, para preservar al resto de la humanidad y conservar la seguridad mutua.

El estado de naturaleza no es, en sí mismo, un estado de guerra, sino de paz; la guerra sobreviene cuando se declara la intención de utilizar la fuerza sobre otros individuos, allí donde no hay un poder común al cual recurrir. Una vez instaurado el estado de guerra, solamente la hostilidad cesa cuando existe un poder al cual apelar para la aplicación de leyes de manera imparcial, y éste es el poder del Estado, que resulta del pacto social.

Jean-Jacques Rousseau

En el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755), Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) propone una descripción del estado de naturaleza como ficción reguladora, la cual nos brinda un punto de comparación respecto de nuestras sociedades actuales.

Para Rousseau, el hombre natural nació libre, pero la desigualdad social creciente a lo largo de la historia lo ha encadenado progresivamente. En su estado natural, los hombres solamente requieren de sí mismos para satisfacer sus necesidades; pero, en cuanto se asocian, comienzan a competir entre sí y se vuelven esclavos de la mirada de los otros, así como se multiplican necesidades artificiales que antes no poseían; y éstas, suscitando una falsa comodidad, atrofian sus capacidades originales.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Art. actualizado: Julio 2022; sobre el original de diciembre, 2015.
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Referencias

Hobbes, T., & Sarto, M. S. (1974). Leviatán: o la materia, forma y poder de una república, eclesiástica y civil. Editorial Universitaria.

Locke, J., & Mellizo, C. (1994). Segundo tratado sobre el gobierno civil. Barcelona: Altaya.

Rousseau, J. J. (1996). Contrato Social. Discurso sobre las ciencias y las artes. Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Trad. Mauro Armiño. Madrid: Alianza Editorial.
 
 
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