Definición de “Crítica de la Razón Pura” (1781)

Es una de las obras más importantes del filósofo Immanuel Kant (1724-1804), pero también del pensamiento filosófico occidental en su generalidad. Su influencia sobre los campos de la metafísica, la gnoseología y la epistemología fue decisiva.

Lilén Gomez | Ene. 2022
Profesora en Filosofía

En su formación universitaria, Kant recibe la herencia metafísica de Lebniz y Wolff, por una parte, y, por otra, la herencia de la física newtoniana. Ambas fuentes entran en contradicción en cuanto a sus concepciones del espacio y del tiempo. El interés del filósofo fue, desde muy temprano, encontrar el modo de conciliar ambas tradiciones, de manera tal que pudiera alcanzar una formulación de los fundamentos del conocimiento que diera, a su vez, una base sólida a la metafísica. Ésta debía seguir el mismo método que Newton había introducido en el campo de la física. La Crítica de la Razón Pura es el resultado de estas extensas investigaciones, que le llevaron al filósofo una década de trabajo: al momento de la publicación de la obra, Kant se encontraba ya cerca de los sesenta años de edad.

El giro coperanicano en la segunda edición

En 1787, Kant publica una segunda edición de la Crítica, modificando profundamente algunos de los conceptos de su trabajo original. En el prólogo a la segunda publicación, refiere al impacto que había suscitado la obra como una “revolución copernicana”, haciendo alusión a las transformaciones radicales en el ámbito de la astronomía que había introducido Copérnico en su época. Esta expresión remite a la idea de que, hasta ese momento, las dos tradiciones filosóficas en pugna de las cuales Kant es heredero, a saber, el racionalismo y el empirismo, si bien sostenían tesis opuestas, ambas se apoyaban sobre un supuesto en común.

Se suponía que nuestros conocimientos eran determinados por los objetos, de modo que nada podía conocerse independientemente de la experiencia, es decir, a priori. La apuesta de Kant, por su parte, era lograr una fundamentación de los juicios sintéticos a priori, es decir, de los juicios que agregan información al sujeto al cual se refieren (no analíticos) sin recurrir a la experiencia.

La revolución que introduce el filósofo en el pensamiento, entonces, consiste en que, si los juicios sintéticos a priori son posibles, esto se debe a que no es el objeto el que determina nuestros conocimientos sino, a la inversa, es el sujeto quien constituye a los objetos, a partir de las estructuras trascendentales de la subjetividad (las cuales son ellas mismas condiciones de posibilidad de la experiencia humana).

Intuiciones y conceptos

Ahora bien, según Kant, solamente conocemos a los objetos por medio de la experiencia (a posteriori) y, a su vez, ésta se rige por reglas del entendimiento, facultad que debe presuponerse en el sujeto antes de que le sean dados los objetos, por lo tanto, a priori. Luego, conocemos a priori de las cosas sólo lo que nosotros mismos ponemos en ellas. No podemos salir de los límites de la experiencia, el objeto nos tiene que ser dado (porque somos seres finitos, a diferencia de Dios, cuyo intelecto infinito posee una intuición inmediata de las cosas y no requiere de la experiencia sensorial).

Kant logra una confluencia entre racionalismo y empirismo, que se condensa en la idea de que las “intuiciones (derivadas de la experiencia) sin conceptos son ciegas, los conceptos sin intuiciones son vacíos”.

En el mismo sentido, el filósofo dirá “todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo conocimiento se deriva de ella”. La Crítica de la Razón Pura, así, se trata de un extenso desarrollo en torno a las facultades que nos permiten llevar adelante el proceso de conocer, a través de las estructuras propias de nuestro intelecto (la sensibilidad, el entendimiento y la razón), tomando como punto de partida la experiencia en la cual nos son dados los datos de los sentidos que dan contenido a dichas estructuras.

El rol de la metafísica

El problema de la metafísica consiste en que solamente puede ser válida cuando se limita al análisis de conceptos en un sentido lógico. No obstante, hay una pretensión en la metafísica de ampliar el conocimiento. El interés de Kant, entonces, reside en encontrar los usos legítimos de la razón pura, para fundamentar la metafísica como una ciencia. El resultado de esta investigación será que, si bien la metafísica no puede producir ella misma conocimientos, porque trasciende a la experiencia, sin embargo, a ella pertenece el orden de las Ideas de la razón, a saber, la idea del Yo, de Dios y del Mundo.

La importancia de estas Ideas radica en que ellas tienen una utilidad heurística: funcionan como guías rectoras que conducen al entendimiento para que éste pueda seguir ampliando cada vez más los conocimientos genuinos.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Trabajo publicado en: Ene., 2022.
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