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Definición de Pericia

En nuestro idioma llamamos pericia a aquella capacidad, habilidad, experiencia o conocimiento que un individuo ostenta en relación a una ciencia, disciplina, actividad o arte.

Capacidad o habilidad que presenta alguien para desarrollar una tarea o resolver un conflicto

Al individuo que se presenta hábil y entendido en un tema o materia se lo conoce popularmente como perito.

Es común que en la resolución de conflictos, problemas, en diversos ámbitos, tales como el derecho, por citar alguno, se convoque a un perito para que precisamente eche luz sobre un tema específico.

Por caso, en una investigación judicial es frecuente que nos encontremos con este tipo de profesionales que son los que clarificarán determinadas pruebas a partir de su análisis y estudio pormenorizado.

La relevancia de las pericias en el derecho y la medicina

Por ejemplo, un individuo se suicida y se encuentra al lado del cadáver una nota de despedida presuntamente escrita y firmada por él.

En el marco de la causa que investigará un juez, lo habitual, para determinar sin dudas que haya sido un suicidio, es que éste convoque a un perito calígrafo, es decir, un profesional idóneo en reconocimiento de caligrafías, para que establezca si la letra de la carta corresponde y coincide con otros escritos que sí se sabe que el muerto ha escrito en vida.

También, en aquellos casos de asesinatos con armas de fuego, se suele convocar a peritos, especializados en balística, para que puedan indicar el arma utilizada, el lugar de penetración de la bala, entre otras cuestiones.

En el ámbito judicial podremos encontrarnos con dos tipos de peritos: perito de parte, es aquel que propone el acusado, y el perito judicial, que es aquel convocado por el juez o tribunal.

Cabe destacarse que el resultado de la pericia que concreta un profesional es presentada normalmente como prueba en los juicios para corroborar o contrarrestar alguna denuncia.

Se lo conoce formalmente como dictamen o informe pericial.

Entonces, en el derecho, como ya mencionamos, y a instancias de la medicina, la pericia, es un recurso muy usado y útil, porque básicamente consiste en la opinión sustentada por un documento por parte de aquel profesional que dispone de un conocimiento especial, técnico, y que sirve como prueba para imputarle un crimen a alguien, o en su defecto para librarlo de dicha acusación en su contra.

La idoneidad, una demanda clave

Los profesionales que realizan las pericias deben contar con una acreditación y anuencia por parte de los tribunales y de las partes en litigio y siempre debe tratarse de personas calificadas e idóneas en la materia que investigan, de lo contrario su pericia no dispondrá de ninguna validez legal.

Este requerimiento de idoneidad no es caprichoso sino que guarda relación con el hecho que la pericia al ser un medio de prueba a través del cual se puede sentenciar o absolver a alguien debe presentar una absoluta e indiscutida rigurosidad en los resultados, cuestión que solamente un profesional avezado podrá asegurar.

Entre los sinónimos más usados para esta palabra se destacan el de habilidad y destreza, que justamente refieren la capacidad y disposición que se tiene a la hora de la realización de algo.

Impericia: no se cuenta con habilidad o experiencia para realizar algo

Mientras tanto, el concepto que se opone al que nos ocupa es el de impericia, que se usa cuando se quiere expresar la falta de habilidad, experiencia, que alguien presenta en la realización de una actividad o tarea.

La impericia implica una consideración negativa que se le adjudica a alguien porque precisamente no cuenta con habilidades o con la adecuada preparación para llevar a cabo algunas tareas, por ejemplo la falta de estudios o de experiencia derivan en impericia.

En aquellos casos que la causa sea la falta de experiencia puede subsanarse con el entrenamiento continuo por un lapso de tiempo, ahora bien, hablaremos de impericia grave cuando la persona en cuestión debería disponer de pericia para efectuar la actividad que lleva a cabo y por el contrario no la tiene y ello produce un concreto daño o peligro para terceros.

Por caso, una persona que no sabe conducir un automóvil pero de todos modos se sube a un auto para manejar estará cometiendo una enorme falta que puede terminar con la vida de otras personas y con la propia inclusive.

Algo similar sucede con una persona que ejerce la medicina pero que no dispone de los conocimientos puntuales para desarrollarla, pero igualmente medica y diagnostica a las personas.

En estos últimos casos le puede caber a la persona una condena si es que con su acción indolente afecta la vida o salud de terceros.

 
 
 
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