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Definición de Aflatoxina

Algunos hongos generan una sustancia altamente tóxica, la aflatoxina. Los efectos de esta sustancia en el organismo pueden desembocar en distintos tipos de cáncer, especialmente el hepático. Existen más de 400 tipos de aflatoxinas diferentes, de las cuales unas 15 son especialmente tóxicas. Todas ellas están integradas en la categoría de micotoxinas (la micología es la disciplina que estudia los hongos).

Sus efectos en la salud humana y animal

Estas micotoxinas tienen una estructura molecular potencialmente cancerígena. Los hongos que activan esta sustancia son básicamente dos: Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Ambos están presentes en algunos alimentos, como los frutos secos, las frutas, el maíz y el trigo. La toxicidad de las aflotoxinas es activada cuando se combinan con las proteínas del organismo. Para reducir la toxicidad de estos alimentos las autoridades sanitarias suelen imponer algún tipo de norma (por ejemplo, en algunos países se permite un máximo de 20 microgramos de aflotoxinas estén presentes en los alimentos).

Las aflatoxinas tienen una relación directa con algunas enfermedades en los riñones y en el aparato digestivo. Por otro lado, provocan tumoraciones en el hígado y en ocasiones desencadenan procesos cancerígenos. Los principales síntomas asociados a estas patologías son el dolor abdominal, vómitos, fiebre y anorexia.

Los piensos que consumen los animales también pueden verse afectados por estas micotoxinas. El ataque de los insectos y las condiciones de temperatura de los alimentos son las dos principales causas que ponen en peligro a los animales.

¿Cómo se puede prevenir?

El almacenamiento de los alimentos debe hacerse correctamente (por ejemplo, es preferible no utilizar graneros y se aconseja conservar los alimentos en lugares secos).

Los ganaderos deberían controlar los niveles de aflatoxinas en los piensos y cuando detectan su presencia tienen que comunicarlo a las autoridades sanitarias.

Es aconsejable que los agricultores preparen las tierras de cultivo empleando semillas que hayan sido tratadas con garantías de higiene. En el proceso de siembra hay que evitar el calor excesivo, pues esta circunstancia es potencialmente dañina para los cultivos.

Por otra parte, hay que mantener bajo control las malas hierbas y reducir al máximo los daños causados por insectos. Por último, se aconseja cosechar cuando la humedad es inferior al 15% y realizar rotaciones de cultivo de manera periódica.

El almacenamiento del pienso y los sistemas de transporte también deben cumplir con ciertas garantías sanitarias (por ejemplo, una desinfección periódica de las instalaciones y una verificación de los sistemas de carga).

Fotos Fotolia: Bits and Splits / Juan Gartner

 
 
 
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