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Definición de Internet



Internet proviene de “interconneted networks” (“redes interconectadas”): básicamente se trata de millones de computadoras conectadas entre sí en una red mundial.

Su forma de operación es descentralizada, esto significa que la información no necesita pasar necesariamente por un nodo de la red, sino que puede tomar caminos alternativos según convenga. Este formato da lugar a una de las paradójicas virtudes de Internet: su estado de permanente anarquía, esto es, la imposibilidad de una regulación central y única del sostenido flujo de información que transita entre los distintos puntos terminales que la conforman.

Los protocolos de comunicación empleados para conformar Internet pertenecen a la familia TCP/IP, estos representan formas de “hablar” y entenderse entre diferentes computadoras y otro tipo de dispositivos electrónicos. Mediante los protocolos de comunicación unificados se logra que la lógica sea homogénea, de manera en que sea relativamente sencillo brindar un alcance internacional. No obstante, en algunas naciones de la Tierra en las cuales el acceso a la información por parte de la población resulta limitado, se han puesto en marcha mecanismos que permiten a los gobiernos impedir la llegada o salida de determinados contenidos digitales. El ejemplo paradigmático es China, pese al muy elevado número de usuarios de Internet en el gigante asiático.

Internet brinda varios servicios, entre los cuales están el chat vía IRC o la World Wide Web, pero éste último ha sido tan exitoso que muchas veces se confunde con la red misma, y en verdad es “sólo” una parte importante creada en 1990: el conjunto de páginas Web (o sitios Web) que se alcanzan desde cualquier punto. Es probable que el servicio más utilizado por los usuarios del mundo entero sea el correo electrónico, que ha reemplazado a más del 50% del correo convencional postal y que permite una conectividad destacada entre personas en puntos remotos, así como el intercambio de información en el marco de la difusión de archivos adjuntos de toda naturaleza.

El origen de “la red de redes” se remonta al año 1969, momento en que se logró conectar establecimientos universitarios entre Utah y California, en Estados Unidos de Norteamérica. En ese entonces la red se denominaba ARPANET, nombre que quedó ligado en gran medida a la idea de que el país del norte necesitaba defenderse de ataques nucleares, y por lo tanto conformar una red de comunicación que no pudiera ser desmantelada con la destrucción de uno de sus puntos.

Si la red fuera serial, con destruir un punto cualquiera en el medio, la comunicación quedaría cortada, en cambio la forma, descentralizada mediante nodos de ARPANET, realmente proveía una infraestructura capaz de soportar ataques nucleares. Sucede que, según especialistas, no fue esta la única razón para su creación. Con la optimización de los recursos utilizados para la conectividad entre equipos, se logró en primera instancia acelerar la transmisión de información (desde el uso de módems telefónicos en un principio hasta los actuales recursos inalámbricos y satelitales) y, en segundo término, la posibilidad de lograr conexión a Internet desde equipos no convencionales (teléfonos celulares, computadores portátiles, consolas de videojuegos, televisores inteligentes).

Otros servicios de Internet son: la transmisión de archivos vía P2P o FTP, el envío de mail vía SMPT, comunicación por medio de voz sobre IP (VoIP), televisión sobre IP (IPTV), acceso remoto a otras computadoras vía Telnet o SSH y boletines NTTP.

Toda esta infraestructura fue paulatinamente pasando desde las universidades, organismos estatales y grandes empresas hacia la popularización que se vive hoy en día, llegando a establecerse como un artículo de consumo masivo, “fagocitando” otros medios de comunicación como por ejemplo la radio, la TV, el cine, los diarios, las revistas o las enciclopedias. Internet es, de algún modo, la gran torre de Babel del Siglo XXI, con miles de millones de personas accediendo y modificando su contenido en blogs y wikis, estableciendo conversaciones cotidianas mediante chat, viendo y subiendo vídeos, música y otros materiales para compartir entre pares. Esta diseminación impactante de la información ha motivado un gran cambio positivo en términos de la difusión del conocimiento, pero ha advertido en los expertos dos comentarios adversos: la falta de “formación” para hacer frente a semejante volumen de “información”, por un lado, y las repercusiones sobre los derechos de autor de numerosas obras patentadas, por el otro. Sin embargo, la propia Internet parece lentamente mejorar estas deficiencias. Así, es cada vez mayor el número de cursos en línea y de módulos de capacitación sobre las más variadas temáticas, dirigidos a formar a los usuarios para hacer uso correcto de la información. En el mismo sentido, numerosas universidades y asociaciones científicas incluyen contenidos a distancia para sus alumnos y para quienes opten por capacitarse por este nuevo camino. Por otra parte, los propios autores y artistas han advertido la importancia de Internet para la difusión de sus obras y han comenzado a advertir que los sistemas de micropagos y otros recursos emparentados les permiten obtener el justo rédito por sus creaciones, sin impedir su difusión digital y permitiendo al mismo tiempo actuar con independencia de las editoriales y las compañías discográficas.

Así, Internet constituye un cambio revolucionario en la comunicación entre los seres humanos en constante cambio, crecimiento y novedad.

 

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