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Definición de Distribución



Se denomina distribución al reparto de uno o varios elementos. Obviamente, el término admite una amplia variedad de usos, siendo el económico el más frecuente de escuchar. Desde esta perspectiva, la distribución haría alusión al modo en que los ingresos económicos de un determinado grupo social son repartidos entre cada uno de sus integrantes.

La distribución de la renta es extremadamente desigual si nos referimos a la población mundial. Las regiones que aglutinan los ingresos más abultados son las pertenecientes a Europa occidental, Norteamérica, Japón y determinadas áreas del sudeste asiático. Como contraparte, algunas regiones de África y Latinoamérica son las que poseen poblaciones con ingresos bajos. Esta desigualdad que se aprecia a nivel mundial también puede vislumbrarse dentro de cada nación, pudiéndose establecer un ranking de países más y menos desiguales. Así, es común observar una profunda asimetría entre los estratos de mayores ingresos y aquellos de peores recursos en la mayor parte de las naciones del Tercer Mundo, con énfasis en las naciones del África y del subcontinente latinoamericano.

Muchos postulados teóricos han intentado analizar estas cuestiones. Entre los más radicales puede contarse al marxismo, que veía en estas desigualdades un reflejo de una lucha de clases subyacente. Así, la incorrecta distribución del ingreso tenía su correlato en la clase a la que se pertenecía y que se determinaba por su acceso a los medios de producción. Aquella clase poseedora del capital reinvertía sus beneficios en adelantos técnicos y mejoras al sistema de producción que hacía menos necesaria a la mano de obra y la tornaba más barata. Ese proceso tenía como consecuencia crisis económicas porque al existir desocupación y asalariados con bajos ingresos, era imposible vender los bienes producidos. Las valoraciones del marxismo quedaron obsoletas, pero muchas de sus críticas sirvieron para pensar soluciones a los conflictos planteados.

Como contrapartida, algunos teóricos sostienen que el liberalismo permitiría por una suerte de “decantación” una mejor distribución de los ingresos a nivel poblacional. Quienes propugnan este concepto postulan que, merced al esfuerzo individual con mínima regulación del poder establecido, se permitiría el crecimiento económico de cada persona, lo que daría lugar a mayores inversiones y, con ello, a la generación de más fuentes de trabajo y la posibilidad exponencial de producir más recursos. De todos modos, estas ideas colisionan en realidad con la propuesta de una distribución equitativa, ya que este modelo da lugar a una tendencia a la acumulación por parte de los sectores más favorecidos, en detrimento de aquellos con menor accesibilidad a los recursos financieros y económicos.

El único actor que puede intervenir evitando la distribución desigual es el Estado. Esto puede realizarse mediante seguros de desempleo y subsidios al empleo que aumenten la capacidad de consumo. Paralelamente, el Estado es el encargado y la única posibilidad de paliar las consecuencias negativas de una incorrecta distribución de la renta. Así, corresponde a éste brindar salud educación y seguridad a los sectores más postergados. A tal fin, el Estado reúne fondos por medio de impuestos de distinta índole, cuya distribución debe resultar igualmente equitativa. En general, las actividades que no resultan de naturaleza indispensable para la vida de la población son gravadas con impuestos de mayor magnitud (bienes suntuarios, tabaco, etcétera). Con esa meta, el Estado obtiene los recursos apropiados para su inversión en aquellas áreas que permiten mejorar las condiciones de los individuos menos favorecidos, con especial hincapié en la prestación de salud, en la igualdad de oportunidades en educación, en la mayor oferta laboral y en el denominado “monopolio de la fuerza”, que define a los Estados modernos consolidados.

Por consiguiente, el concepto económico de distribución admite múltiples aristas, pero se verifica una tendencia moderna a intentar la mayor equidad en todas las variables comprometidas en su desempeño. Se interpreta así que, en forma independiente del modelo macroeconómico, una justa distribución de los distintos parámetros, pero especialmente una correcta distribución de los oportunidades, constituye la mejor alternativa para mejorar la calidad de vida de la población, en el marco de la colaboración del esfuerzo individual de cada ciudadano y de la acción transparente del Estado.

 

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