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Definición de Deseo



El deseo es la fuerte inclinación o el gusto por la consecución, el conocimiento y el disfrute de alguna cosa, que en muchas situaciones incluso puede pasar de ser tan solo una fuerte inclinación para convertirse directamente en una incontrolable necesidad por saciar ese gusto o disfrute.

Pero además de referir a las inclinaciones o los gustos que tenga alguna persona, también el término deseo se utiliza para hacer referencia al apetito sexual y será por eso que para determinadas personas que no ostentan una mente o una postura abierta, la palabra “deseo” está teñida y cargada de una connotación algo pecaminosa (como quien dice). Así, por el solo hecho de escucharla y aunque esté relacionada con la cuestión más näive, tratarán de taparse los oídos para no escuchar la situación poco moral que propone.

En tanto y para el resto de los mortales que no se encuentran en esta vereda, un deseo puede estar asociado y significar la cosa más noble y amorosa, como puede ser el deseo de paz en el mundo, dejando atrás rencores, conflictos, batallas y guerras. Entonces, en términos más amplios y abarcadores, el deseo puede estar motivado por el logro de estrictas cuestiones materiales, o bien por personas que forman parte de nuestros afectos.

Por otro lado, los deseos son el resultado de un proceso que comienza con una emoción para luego transformarse en sentimientos y finalmente en los deseos. Por ejemplo, yo tengo el deseo de comprarme un auto deportivo, pero antes de convertirse en ese deseo, todo empezó como un sentimiento de atracción por ese automóvil. El deseo, en un contexto estrictamente científico, se inicia como un impulso cerebral que es sublimado en forma de emoción; cuando la emoción es procesada en el marco de nuestra personalidad y nuestros valores, ha llegado el momento de concebir a ese impulso como un sentimiento. A partir de ese sentimiento se llega al deseo propiamente dicho, que es un equivalente social y afectivo de aquella emoción inicial que le dio origen.

Todo muy lindo, muy lindo… deseos materiales por un lado, deseos altruistas por el otro. Sin embargo, los deseos a veces pueden convertirse en un arma de doble filo para determinadas personas que no se encuentran apoyadas o situadas con firmeza en la tierra. En estos casos, los deseos más sublimes pueden convertirse en verdaderas pesadillas para la persona que los ansía y para su entorno.

Porque puede sucederse, que por ejemplo, en el caso del deseo del automóvil deportivo que mencionaba más arriba, se lo desee con una fuerte e increíble vehemencia, pero en realidad no se cuente con los medios necesarios, más conocido como el vil metal, requerido para cumplir con ese deseo. Entonces, lamentablemente lo que puede ocurrir si uno no se encuentra en autos de aquellas cosas a las cuales puede acceder y a las que no, es que ese deseo se convierta en una frustración por no poder alcanzarlo y que luego devenga en la formación de una actitud pesimista y envidiosa. En realidad, de acuerdo con muchos expertos, los circuitos que en nuestro cerebro dan lugar a los deseos se originan de una manera muy parecida a las redes de neuronas que participan de las adicciones; en efecto, ambos sistemas comparten lo que se denomina respuestas de recompensa, en las cuales está involucrado con gran fuerza el factor del placer. Por eso, prestemos atención a determinados deseos, en especial con aquellos que nos obsesionan o se convierten en impulsos realmente no controlables… porque algunos, como vemos, se miden en varias cantidades de ceros.

 

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