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Definición de Alienación



La alienación, también denominada como enajenación, resulta ser aquel fenómeno a partir del cual se le suprime la personalidad a un individuo, es decir, se lo despoja de la misma, pasando a controlarle y anularle su libre albedrío para a partir de ese momento convertirlo en una persona dependiente de los intereses de quien lo enajena, ya sea otro individuo, una organización, o un gobierno, entre otras alternativas.

Mientras tanto, la alienación es un fenómeno no innato, o sea, no se nace con él sino que se dispone por otro o por la misma persona alienada a partir de mecanismos psicológicos.

Se puede distinguir entre dos tipos de alienaciones, dependiendo del nivel en cual se producen: individual o social.

En el caso de la primera se trata de una alienación mental que normalmente se caracteriza por la anulación de la personalidad individual; persiste una confusión a la hora de razonar, hay una incoherencia en el pensamiento, aparecen síntomas alucinatorios. La persona que se encuentra atravesando este estado es aleccionado, o en su defecto, se auto alecciona a su subconsciente a partir de un proceso morboso intencionado en el cual llega a creer determinadas situaciones. Entre los casos más severos de este tipo, se puede desembocar en una ausencia completa de las relaciones sociales y comportamiento dañino y muy agresivo, ya sea para consigo mismo y el entorno.

Y por su lado, la alienación de tipo social se encuentra estrechamente vinculada a la manipulación social, la manipulación política, la opresión y la anulación cultural. En este caso, el individuo o la comunidad, transforman a punto tal su conciencia de manera de convertirla en contradictoria con lo que se espera normalmente de ellos.

En tanto, hay cuatro tipos bien definidos de alienación social: religiosa (persiste una resignación a un dogma determinado que por supuesto frustrará el desarrollo individual), política (se consiente con el silencio la opresión y dominación de un gobierno), económica (tanto los medios como los productos que produce el propio individuo lo dominan) y consumista (somos esclavos de lo que nos dice la publicidad, es decir, compramos únicamente lo que ella nos dice, sin evaluar primero racionalmente la utilidad o necesidad que tengamos del producto en cuestión. La felicidad pasa solamente por consumir el producto que la publicidad nos indica y no por los beneficios que éste nos puede reportar).

 

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