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Definición de Obesidad



La obesidad es una enfermedad que se caracteriza por el exceso de grasa en el organismo. Según la Organización Mundial de la salud (OMS) una persona es obesa cuando el índice de masa corporal (IMC) en el adulto es superior a 30 kg/m2. Una manera rápida y fácil de detectar si hay sobrepeso u obesidad, además de lo que salta a simple vista, claro está, es hacer una simple cuenta que determine el IMC, el cual se logra dividiendo el peso de la persona (en kg) por el cuadrado de su altura (en metros). Según esta ecuación, puede definirse con adecuada precisión sin una persona tiene un peso normal (IMC entre 19 y 24.9 kg/m2), sobrepeso (25 a 29.9 kg/m2) u obesidad (30 kg/m2 ó más). Algunos expertos señalan que un IMC superior a 40 kg/m2 es sinómino de obesidad mórbida. Debe señalarse que el IMC no se calcula de esta misma forma para niños y adolescentes, para quienes existen tablas especiales que permiten estimarlo de modo correcto.

Respecto de aquello que la provoca, la obesidad es una de esas patologías que no distingue sexo, nivel socioeconómico o lugar de residencia, siendo varias las variables causales: factores ambientales (forma y calidad de alimentación), genéticos (antecedentes familiares), psicológicos, metabólicos, entre otros.

Hace muchos años atrás, la gordura era un símbolo de belleza e incluso de status y hasta existía la creencia que una persona con sobrepeso vivía saludablemente y por los siglos de los siglos. Sin embargo, con el avance de la ciencia y la medicina se llegó a la conclusión que los gordos no tienen para nada una vida resplandeciente de salud; por el contrario, resultan ser mucho más propensos a sufrir otras enfermedades, paralelamente con la obesidad, tales como afecciones cardiovasculares (accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, angina de pecho, arteriopatía periférica, várices), diabetes tipo 2, resistencia a la insulina, apnea de sueño, osteoartritis, hipertensión arterial, entre otros. Estas alteraciones no sólo perpetúan los mecanismos inflamatorios que caracterizan a la obesidad, sino que se asocian con consecuencias graves, entre las que sobresalen la peor calidad de vida y los altos costos que se generan para el sistema de salud.

Es más, este descubrimiento, sumado a que se trata de una enfermedad de tipo crónica y a la lucha entablada por los propios enfermos, ha convertido a la obesidad en un problema de salud pública, que incluso llegó a discutirse en ámbitos legislativos para lograr que la enfermedad sea reconocida como tal y reciba el mismo tratamiento que el estado, las obras sociales y las medicinas prepagas le dispensan a otras afecciones.

La obesidad puede tener dos orígenes y de ello devienen los dos tipos de obesidades que existen: la exógena y la endógena. La exógena, que sería la más fácil de controlar por el enfermo, si hay voluntad claro, es la originada por una alimentación excesiva y la endógena es el resultado de diversas causas metabólicas. Un caso podría ser la disfunción de la glándula tiroides, así como la hiperfunción suprarrenal o las anomalías que caracterizan al síndrome de ovarios poliquísticos.

Respecto del tratamiento, la solución será una combinación de dieta balanceada y actividad física. En este sentido, no es útil proponer un esquema de alimentación con bajas calorías salvo que este protocolo sea acompañado de una apropiado plan de ejercicios. Dado que la obesidad se asocia con alto riesgo vascular, es prudente definir la valoración cardíaca de estos pacientes antes de establecer el ejercicio más adecuado. De todos modos, una combinación equilibrada de componentes aeróbicos y anaeróbicos suele constituir la mejor alternativa, en la proporción óptima para cada persona individual.

En relación con los medicamentos, la inmensa mayoría han sido retirados de la venta por las graves reacciones adversas a corto y largo plazo que caracterizan a su administración. Sólo se encuentra disponible a nivel mundial el orlistat (un inhibidor de la absorción de grasas) y, en Estados Unidos, una asociación de anfetaminas de tercera generación con moduladores de la conducta. Finalmente, el tratamiento de avanzada, que solamente se indica en enfermos que cumplen con la dieta y el ejercicio y no tienen éxito en el descenso de peso, es la cirugía bariátrica, mediante la cual se excluye al estómago del circuito digestivo y, con ello, se logran resultados sorprendentes en muchos pacientes.

 

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