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Definición de Homeostasis

Vocablo que proviene del griego, de homos que significa semejante y de stasis, que equivale a estabilidad. Se emplea en el ámbito de la biología, pero también se utiliza como modelo explicativo de la conducta humana.

Los seres vivos tienen mecanismos internos que les permiten su adaptación al medio

En el conjunto de los seres vivos existe un mecanismo biológico por el cual las distintas funciones vitales se autorregulan. Ese mecanismo es, precisamente, la homeostasis. Por lo tanto, nos referimos a la capacidad de los organismos para mantener sus condiciones internas dentro de unos parámetros adecuados para la propia subsistencia.

En otros términos, la homeostasis consiste en el adecuado equilibrio de un organismo con respecto a la relación que tiene con su entorno natural. Así, las condiciones ambientales externas (el frío, el calor o la humedad) provocan unas reacciones compensatorias en los seres vivos.

Los mecanismos homeostáticos cumplen distintas funciones:

1) el aprovechamiento de los alimentos ingeridos y su eliminación posterior (por ejemplo, por la sudoración o por la excreción),

2) la regulación de la temperatura corporal permite la adaptación de un animal a su medio físico,

3) el sistema inmunológico como mecanismo de defensa ante cualquier cuerpo exterior (por ejemplo, algunas bacterias) y

4) la absorción del agua en los niveles adecuados para posibilitar la propia existencia de una planta, un animal o un ser humano.

Estos procesos son ejemplos concretos de funciones vitales reguladas por la homoestasis.

El modelo homeostático y la conducta humana

Si todos los seres vivos tienen un mecanismo interno de tipo homeostático, es razonable pensar que esta idea es aplicable a la conducta humana. Si fisiológicamente estamos sanos cuando hay una correcta autorregulación de las funciones vitales, algo muy similar ocurrirá con respecto a nuestro comportamiento. Así, nuestro equilibrio anímico necesita de algún mecanismo que permita la estabilidad de las emociones.

Hay que tener en cuenta, que el estado de ánimo de un individuo depende, en gran medida, de cómo se encuentre físicamente. Pensemos una persona con esquizofrenia que no toma su medicación. Esta circunstancia provocará previsiblemente un desequilibrio emocional. De manera análoga, un deportista lesionado que no practique deporte se sentirá desanimado porque sus niveles de endorfina son inferiores a lo habitual. En definitiva, cómo nos encontremos mentalmente depende de dos factores fundamentales: las reacciones químicas que se producen en nuestro cuerpo y los acontecimientos externos que generan ciertas alteraciones físicas o mentales. Ambas cuestiones son equilibradas de manera consciente o inconsciente por algún mecanismo homeostático.

 
 
 
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