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Definición de Ansiedad



Aunque en la actualidad usualmente relacionamos el concepto de ansiedad con algo negativo, patológico, que provoca y se manifiesta en los seres humanos con un cierto grado de desesperación ante la falta o la ausencia de algún bien preciado o bien ante una situación complicada que se deberá enfrentar próximamente, la ansiedad, no es mala siempre, por el contrario, sino pasen y lean…

La ansiedad es una emoción que se reconoce por el aumento de las facultades perceptivas ante el aviso del organismo por una necesidad fisiológica que se encuentra por debajo de su nivel adecuado; así como en otro artículo explicábamos en su oportunidad del concepto del miedo, la ansiedad también está ciertamente relacionada con la lucha del ser humano por su supervivencia y la del resto que lo rodea.

Entonces sucede que ante este aviso, el organismo pone en funcionamiento el sistema dopoaminérgico. Por ejemplo, cuando sentimos hambre, este sistema es el que libera una serie de alertas a todo el sistema nervioso central para conseguirla del modo que sea necesario. Este sistema es una compleja red de conexiones entre neuronas, las cuales utilizan como vía de comunicación a una sustancia (neurotransmisor) denominado dopamina. Esta molécula está químicamente emparentada con la noradrenalina y la tirosina y se vincula en forma directa con la gratificación ante un estímulo o conducta.

En tanto, este sistema también enciende su luz roja cuando se da cuenta que está a punto de perder un bien preciado y, al igual que en el caso del hambre, se libera una buena cantidad de adrenalina y noradrenalinaque aportarán energía tanto para la satisfacción del hambre como para defender ese bien preciado de la amenaza de desaparición que lo afecta. Estos circuitos son relativamente primitivos y, si bien están sometidos a la regulación por parte de estructuras cerebrales más evolutivas, como la corteza frontal, suelen imponerse por el predominio del instinto de supervivencia.

Como se puede apreciar, la ansiedad no es para nada negativa, sino que por el contrario, nos ayuda en situaciones o problemas puntuales que nos depara la vida; el componente negativo se suscitará cuando la respuesta que se le dé a estas demandas de parte del sistema dopaminérgico no sean las correctas y que, por supuesto, contribuyan a la desadaptación del individuo. Esto puede ocurrir por activación excesiva y patológica de los circuitos dopaminérgicos, o bien por su perpetuación, o ante su funcionamiento en circunstancias no correctas.

Entre los trastornos de ansiedad más comunes se encuentran: las fobias (temor inusitado y patológico ante situaciones específicas y muy variadas), pánico (ansiedad aguda, con sensación no justificada de muerte inminente), trastorno obsesivo-compulsivo (en el cual predominan conductas llamadas compulsiones, que no pueden ser controladas), la agorafobia (temor a los espacios abiertos) y el estrés postraumático, esto es, la aparición y continuación de síntomas de ansiedad cuando el estímulo que la provoco ya se encuentra ausente.

Si bien los síntomas de la ansiedad no son universales, los más ordinarios que nos sirven para reconocerla son la taquicardia, sensaciones de ahogo, temblores, transpiración fría, rigidez muscular, dificultades en la comunicación verbal o gestual, pánico, sensación de desmayo o vahído e incluso la sensación de muerte inminente, llamada por los psiquiatras desasosiego. Estos síntomas deben diferenciarse de enfermedades orgánicas (infarto de miocardio, embolias, accidentes cerebrovasculares) o psicológicas (trastorno bipolar, psicosis aguda) que pueden asemejarse a la ansiedad y que, por cierto, tienen un enfoque terapéutico muy diferente.

El tratamiento de los trastornos de ansiedad, por supuesto dependerá del diagnóstico específico del especialista. En casi todos los casos, se asocian 3 variables. La primera de ellas es la práctica de actividades recreativas, como el ejercicio físico o disciplinas intelectuales que sean del agrado del paciente. En segundo término, las terapias psicológicas son una herramienta de gran importancia; en la actualidad (en especial en pacientes fóbicos o con estrés postraumático) es la terapia cognitivo-conductual la que resulta de primera elección, con progresivo desplazamiento del psicoanálisis. Finalmente, los medicamentos son un componente casi indispensable del abordaje. Para los casos agudos, los ansiolíticos como el clonazepam o el alprazolam son un recurso fundamental; en las variantes crónicas, suele ser necesario un abordaje combinado en el cual se incluyen también antidepresivos. Esto puede generar confusión entre la persona con ansiedad y su familia; en realidad, esta indicación se debe a que los antidepresivos actúan también sobre el sistema dopaminérgico que antes mencionábamos, por lo cual son útiles y apropiados para resolver las pronunciadas deficiencias en la calidad de vida que caracterizan a aquellos pacientes que sufren ansiedad.

 

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