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Definición de Iniquidad

Una iniquidad es una injusticia o maldad pero en términos superlativos, es decir, es una injusticia enorme.

Injusticia gravísima o maldad tremenda

En la iniquidad manda la maldad y la absoluta falta de respeto hacia las normas morales.
En tanto, no podemos soslayar al abordar este concepto su gran vinculación con la religión, de todas maneras, también se suele usar más allá de este contexto.

Generalmente, los seres humanos aspiramos al bien común de manera natural y justamente sobre este hecho es que se han asentado muchos postulados éticos que indican y guían al hombre hacia el buen obrar, pero claro, también hay desviaciones y esto es imposible que lo soslayemos.

Las épocas, los contextos, muchas veces llevan al hombre común a alejarse de ese bien común que anhelan para sí y para toda la sociedad, prueba de ello son los asesinatos, los secuestros, los robos, perpetrados por seres humanos que se han alejado absolutamente del camino recto y de ese anhelo por el bienestar común.

Los mencionados actos delictivos son claras formas y ejemplos de iniquidad y lamentablemente estarán siempre presentes en nuestro mundo tan imperfecto.

Se puede pelear contra ellos, castigándolos, pero es muy difícil erradicarlos, y especialmente cuando algunas personas sienten que no tienen oportunidades en este mundo actual y entonces optan por el camino de la delincuencia.

Religión: conducta de pecar que se repite

En términos de la religión cristiana la iniquidad será la conducta repetitiva de pecado que se vuelve un patrón, tomando apoyo en nuestra forma de ser y entonces ahí se empezará a transmitir de generación en generación.

Por tanto, iniquidad será lo absolutamente contrario a la rectitud y a la justicia, la iniquidad es lo torcido, de alguna manera, se lo relaciona con una semilla espiritual que crece torcida y así se pasará de generación en generación, torciéndose aún más y más.

Porque el pecado no es lo que heredamos de nuestros antepasados sino más bien la iniquidad, ésta misma es la raíz del pecado, la raíz del mal que introducirá en los hombres los pensamientos pecaminosos.
Un ejemplo de ello sería el alcoholismo, la drogadicción, la promiscuidad sexual, las cuales, como es fácil de comprobar se han transmitido de generación en generación.

La intervención divina, la oración y los sacramentos para combatir la iniquidad

El pecado para la religión cristiana es el rechazo de Dios y fue lo que generó que el hombre se volviese mortal y dejase de gozar de la vida eterna que Dios se proponía para él en el comienzo de todo.
Luego, la intervención de Dios a través de la figura de Cristo, con la muerte en la cruz y la consecuente resurrección, se propone resolver el tema del pecado original, su perdón, la redención de todos los hombres finalmente, o sea, siempre será a través de la incursión de Dios que se alejará a la iniquidad.

Por otro lado, los sacramentos, como el bautismo, borra el pecado original de todos los hombres.

Entonces, todo aquello que aparece torcido respecto de Dios deberá ser considerado como iniquidad, cuando la iniquidad está presente en nosotros es un hecho que nos encontraremos desalineados con todo lo que Dios propone.

Cuando la iniquidad está establecida, inevitablemente, atraerá a todas aquellas cosas oscuras e indeseables, por ejemplo, la miseria, la enfermedad, las maldiciones, los problemas, entre otros.

Si se le pudiera encontrar una figura, una expresión física a la iniquidad la misma sería un manto negro que cubre negativamente el espíritu del hombre. Luego de atacar el alma y el espíritu, la iniquidad también atacará el cuerpo, imposibilitando de esta manera que el hombre avance rectamente.

El trabajo que se propone la Iglesia y que debería también proponerse un buen cristiano es el de desarraigar de plano la iniquidad, porque mientras ésta siga estancada, los pecados se seguirán repitiendo. Lo que la iglesia principalmente aconseja es acercarse a Dios, orar, reconocer las propias iniquidades, renunciar a ellas y por supuesto arrepentirse de las mismas para así cortar definitivamente la cadena de transmisión.

En resumen permanecer cercano a Dios y practicar la oración con cotidianidad alejará a las personas de esta situación tan penosa y que tanto daño le hace al bienestar de todos.

 
 
 
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