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Definición de Ecosistema



Se denomina ecosistema al conjunto de seres vivos y carentes de vida que tienen existencia en un lugar determinado y que guardan relaciones entre sí. El concepto fue introducido a mediados del siglo XX por los ecólogos para dar cuenta del objeto de estudio de la ecología. Es importante destacar que la noción de ecosistema es convencional y relativa, por lo que admite algunas variantes de uso concreto. Por ejemplo, cada ecosistema puede dividirse en otros de menor tamaño y complejidad.

Un ejemplo de estos postulados teóricos puede ofrecerlo un bosque. En este existen innumerables seres vivos que interactúan entre sí (factores bióticos), además de factores carentes de vida como el agua, el aire y los minerales, que son necesarios para el desarrollo de la vida en algunos casos mientras que en otros al menos se vinculan con ésta (factores abióticos). Ahora bien, es posible referirse también a las copas de los árboles del bosque como a un ecosistema en la medida que se encuadran dentro de la definición utilizada del mismo.

Con estos planteos se relacionan los conceptos de nicho ecológico y hábitat. En el primer caso se hace mención a las citadas relaciones que los seres bióticos tienen entre sí y con los abióticos; estas incluyen condiciones de temperatura, de humedad, de luz, modo de alimentación, las enfermedades, etc. En el segundo caso se hace alusión al medio físico del ecosistema al que las distintas especies de este se encuentran adaptadas.

El ecosistema puede experimentar el paulatino cambio de algunos de sus elementos por otros. Así, por ejemplo, pueden aparecer nuevas especies vegetales. A este fenómeno se lo denomina sucesión ecológica. Cuando la aparición de la vida se efectúa en un medio que nunca la tuvo se habla de sucesión primaria, mientras que en el caso contrario se habla de sucesión secundaria.

Son numerosos los biólogos que amplifican este concepto en versiones estratificadas, esto es, prefieren definir a un conjunto de ecosistemas más o menos estables en sus componentes y dinámica para dar lugar a una suerte de “taxón” superior, denominado habitualmente bioma. Así, cada uno de los pequeños ecosistemas propios de una región selvática, unidos e interactuando entre sí, dan lugar al bioma denominado bosque tropical o pluviselva. De igual modo, a escala inversa, una simple maceta hogareña es todo un ecosistema, en el cual los factores abióticos (tierra, agua, energía solar, aire) se integran con los componentes bióticos (vegetal sembrado, malezas, insectos, lombrices, microorganismos) en un juego de relaciones mutuas con interacción, en algunos casos con ventajas para ambos elementos (simbiosis: pulgones y hormigas) o al menos uno de ellos (comensalismo: la araña que se oculta en la flor de su mismo color) o, por el contrario, con efectos deletéreos para uno de los miembros (parasitismo: cochinillas que devastan el cultivo).

Como contrapartida, algunas relaciones entre seres vivos de características peculiares han trascendido desde la sola simbiosis y, hoy día, son definidos por las ciencias como reales ecosistemas. De este modo, la presencia de bacterias normales en el intestino de los seres humanos, conocida en forma habitual como microflora, es considerada por muchos expertos como un real ecosistema, en el cual el entorno local es el factor abiótico y las variadas especies microbianas constituyen el componente biótico. La estabilidad y protección de este “ecosistema” es beneficioso tanto para los microorganismos como para el ser humano, mientras que sus anomalías se asocian con mutuos perjuicios.

Cabe señalarse que esta descripción en términos de ecosistemas puede aplicarse también a medios acuáticos, aunque en general los ecosistemas terrestres presentan mayor complejidad. No debe olvidarse además a los sistemas mixtos, como los aeroterrestres o las costas, que constituyen ecosistemas de gran complejidad debido a la dinámica propia de cada componente que los integra. Finalmente, existen ecosistemas sorprendentes en medios absolutamente hostiles, como el borde de los volcanes, la Antártida o los desiertos, lo que demuestra que la diversidad de la vida es capaz de proliferar en los contextos más adversos.

 

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