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Definición de Mito



Seguramente en más de una ocasión habréis oído hablar de diferentes personajes de la antigüedad como los dioses del Olimpo, las deidades romanas, los seres fantásticos, así como monstruos o héroes que han jalonado -y lo siguen haciendo- nuestra cultura clásica. Todos los relatos que podáis encontrar de carácter maravilloso protagonizados por ellos es lo que solemos llamar comúnmente como mito. Precisamente, la palabra mito proviene del término griego “mythos“, que significa historia. Así, encontramos mitos de diversa naturaleza en todas las culturas de los cinco continentes. Las mencionadas tradiciones grecorromanas dieron lugar a numerosas variaciones, volcadas en algunos casos a textos formales que permitían a sus contemporáneos explicar fenómenos no comprendidos de la realidad o incluso profundas tramas relacionadas con el psiquismo o con la sociedad de su tiempo. De igual modo, resulta apropiado destacar la riqueza de la mitología escandinava, la cual, en cierto modo, reflejaba el modo de vida de los pueblos primitivos de la región y del poderoso avance posterior de los vikingos y los primeros reinos locales. No puede dejar de mencionarse en el marco de los mitos a los extensos panteones de deidades africanas, vinculados en muchos casos con cultos animistas que debieron ocultarse bajo la apariencia de sincretismos para escapar de persecuciones en tiempos de las conquistas europeas de sus tierras nativas. Por otra parte, las notables tradiciones de Extremo Oriente pueden incluirse también bajo el amplio espectro de los mitos, si bien algunas de estas tradiciones podrían catalogarse como leyendas. Las apasionantes variaciones de los mitos descritos en los antiguos pueblos amerindios representan también un interesante ejemplo de la influencia de estos relatos en el modo de vida cotidiano de las civilizaciones.

Fundamentalmente, el mito siempre ha sido un relato muy enmarcado en la tradición oral, es decir, ha ido difundiéndose de boca en boca hasta llegar a nuestros días. En muchas ocasiones, lo hemos visto asociado a los grandes autores de la antigüedad clásica, fundamentalmente. Los mitos de los dioses griegos, las aventuras de los grandes héroes como Ulises o Hércules, o los relatos maravillosos del Minotauro, los Cíclopes y demás, forman parte de la historia cultural de los pueblos, que han ido recibiéndolos como parte de un legado importantísimo. Las versiones finales de muchos mitos se han convertido en textos fundamentales de la literatura antigua, compilados por distintos literatos a lo largo de la historia. Si bien como consecuencia de distintos sesgos han sido los mitos grecorromanos los que nos han llegado en formato escrito convencional, las frondosas tradiciones de Oriente y de la antigua Mesopotamia se han expresado también en textos tangibles que pueden disfrutarse con fines académicos e históricos.

Hay mitos de todos los tipos y estructuras. Están aquellos que intentan explicar de manera sencilla y para el pueblo la creación del mundo, otros acercan a los menos letrados las divinidades religiosas, la aparición del ser humano, etc… Se reconoce que los mitos tienen una vertiente religiosa, ya que las distintas comunidades los han acogido para explicar de alguna manera las constantes preguntas que el hombre llega a plantearse sobre la vida y lo que le rodea. Algunos de estos mitos han dado lugar a cultos perpetuados durante milenios, como ha ocurrido con las arcaicas civilizaciones de Egipto y la Mesopotamia, o bien con la interpretación de la historia y la antigüedad por parte de otros pueblos. En ese marco se engloba la idea de la Atlántida y de otras presuntas naciones desaparecidas en los anales del tiempo. Vale reconocer que numerosas tradiciones y mitos de la remota antigüedad contienen información que ha sido aprovechada por los historiadores como herramienta para sus investigaciones, con resultados exitosos en distintas oportunidades.

Pero, aparte de estos relatos maravillosos, en donde la metáfora trastoca la realidad en sugestivas y hermosas imágenes, es muy propio usar la palabra y el término mito para definir aquello que nos parece inalcanzable. Quizás como queriendo asemejar esta definición a la que nos acerca a las historias de los grandes héroes de cada cultura. Seguramente en alguna ocasión hemos querido o hemos oído hablar de alguien en particular como un mito viviente, alguien que, en su actividad, fundamentalmente artistas o deportistas, se nos muestran como auténticos maestros, personas a las que admiramos. Es por ello que también usamos la palabra mito, para darle un carácter más universal. Acaso sea interesante suponer que los historiadores del mañana describan muchas de nuestras conductas y manifestaciones como nuevos mitos, que serán recordadas de esa manera por las generaciones venideras. Como verdadera transición, algunos sociólogos consideran una suerte de mito a personajes destacados de la Edad Media o Moderna, en algunos casos incluso en términos de su recuerdo negativo (Atila, rey de los hunos; Vlad Tepes, inmortalizado como el Conde Drácula; los Borgia; Luis XIV, rey de Francia, símbolo del despotismo).

Por lo tanto, quizá sea interesante afirmar que los mitos no son sólo recuerdos borrosos y modificados de la visión de la realidad, sino una forma de asumir e interpretar el contexto cotidiano de forma subjetiva, cambiante y, al mismo tiempo, apasionante. Esta perspectiva permite abarcar a las antiguas leyendas de tiempos lejanos y a la generación cotidiana de los mitos modernos.

 

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