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Definición de Antiguo Régimen

Antiguo Régimen es el concepto con el cual peyorativamente los franceses revolucionarios denominaban al sistema de gobierno anterior a la Revolución Francesa, ocurrida en el año 1789, más precisamente el de Luis XVI, aunque la denominación pronto se extendería al resto de las monarquías europeas que presentaban un régimen más o menos similar al francés.

Sistema de gobierno que precedió a la Revolución Francesa en Francia y el resto de Europa y que se caracterizó por el ejercicio de poder absoluto encarnado en el monarca

Este modelo social, político y económico que precedió a la Revolución Francesa prevaleció en la mayor parte de las naciones europeas entre los siglos XVI y XVIII.

En el plano político, este régimen se caracterizó por un poder absoluto ejercido por un monarca, que se conoció popularmente como Absolutismo Monárquico.
El rey encarnaba el poder máximo que procedía del mandato que Dios le había dado y precisamente era Dios quien legitimaba de algún modo su autoridad sobre el pueblo.

Existían cortes o parlamentos pero todos estos órganos estaban siempre sometidos a la voluntad del rey de turno.

La Ilustración sienta las bases del pensamiento liberal y marca el principio del fin del Antiguo Régimen

En el siglo XVIII, con la llegada del pensamiento ilustrado que promovieron muchos intelectuales europeos, se fueron sentando las bases para la desaparición de este sistema y la imposición no solamente de un nuevo ideario sino también de un nuevo sistema que tendría como pilares la división de poderes, la libertad individual, el espíritu crítico, y la soberanía del pueblo.

Cómo funcionaba la economía y la sociedad a instancias de este régimen

En términos económicos, la propiedad de la tierra, que era el principal factor de producción por aquel entonces, se encontraba sometida a vinculaciones, es decir, en manos de la nobleza, los bienes de la Iglesia Católica y de las Órdenes Religiosas se hallaban en manos del clero, y las tierras comunales dependían de los ayuntamientos; por otro lado, el comercio si no estaba controlado por los gremios lo estaba por alguna asociación gremial, que controlaban tanto calidad como cantidad de la producción.
Y por el lado de la industria la misma se encontraba entorpecida y detenida por reglamentaciones excesivas e impuestos; prácticamente no existía la libertad económica ni siquiera la competencia porque todo lo controlaban los gremios, las corporaciones o el mismísimo estado.

La sociedad del Antiguo régimen se encontraba organizada en tres estamentos: los privilegiados: el clero y la nobleza, y el no privilegiado llamado Tercer Estado, compuesto por la mayor parte de la población, que incluía desde campesinos, pasando por comerciantes y artesanos.

Esta cuestión de privilegios para algunos generaba que no todos poseían los mismos derechos frente a una misma situación. El sector privilegiado era el que tenía voz y voto mientras que los no privilegiados, que de alguna manera eran el motor económico de la nación, no disponían de libertad comercial en muchos casos, ni tampoco de la posibilidad de participar en decisiones políticas.

La Revolución Francesa cambia el rumbo político, social y económico

Por caso es que la Revolución Francesa que justamente se proponía como bandera las libertades individuales, especialmente impregnada e influida por las Ideas de la Ilustración, fue muy apoyada por este estamento del Tercer Estado tan relegado en materia de derechos y beneficios.

De todas maneras, en comparación con épocas anteriores y aunque los estamentos son cerrados no resulta imposible que por ennoblecimiento o por haber ingresado en el clero se pudiese pasar de ser un no privilegiado a un privilegiado.

Y en lo que respecta al ejercicio del poder, el titular de la corona era quien poseía todos los poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, aunque en realidad, en la práctica, era necesario que el mismo contase con la burocracia y sus representantes que se ocuparían de concretar el gobierno en su nombre.

La Bastilla, que fuera la fortaleza del rey en París pero que en realidad luego se empezó a usar como cárcel, se la considera un símbolo del Antiguo Régimen y por tanto su toma es considerada como el inicio concreto de la revolución que se llevó al Antiguo Régimen y trajo al nuevo en el que las ideas democráticas terminarían por imponerse en el sistema de gobierno.

La toma de la Bastilla, el símbolo del fin del régimen

La Bastilla supo ser tradicionalmente una fortaleza que se ocupaba de proteger la costa oriental de la ciudad de París, capital francesa, y por esta posición desplegó un rol importantísimo en los conflictos interiores del país y asimismo fue utilizada como prisión del estado por los Reyes.

El 14 de julio del año 1789, en el marco del acontecimiento conocido como Revolución Francesa, es tomada por los revolucionarios franceses y a partir de ese entonces se vuelve un símbolo emblemático del sistema republicano francés.
Su caída significó el fin definitivo del llamado Antiguo Régimen, y el inicio de un nuevo proceso político en Francia.

Con el correr del tiempo se la demolió y se la reemplazó por una nueva construcción denominada como Plaza de la Bastilla.

 
 
 
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