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Definición de Tierra



La Tierra es el tercer planeta del sistema solar (tomando en cuenta su distancia respecto del sol, 150 millones de kilómetros) y a pesar que se formó al mismo tiempo que el sol y el resto del sistema que la alberga, hace ya 4.570 millones de años, es en el único planeta en el cual hasta el momento se comprobó que hay vida.

Luego de sucesivas polémicas, dimes y diretes y algunas cuestiones más complicadas que se dieron en algunos momentos de la historia (Edad Media), como ser persecuciones contra aquellos que sostenían una postura o visión diferente del orden establecido, justamente en períodos históricos en los cuales no estaba bien visto, se llegó a la conclusión que la forma de la Tierra es geoide, similar a una esfera pero achatada. De este modo, se descartó lo que las primeras culturas sostenían acerca del formato del planeta como “Tierra plana”, dándole la derecha a varios astrónomos y filósofos de la antigüedad como Platón y Aristóteles, que pensaban que era redonda. Sobre la base de esta sospecha de la esfericidad de la Tierra, Eratóstenes había sido capaz de calcular el diámetro del planeta con un error despreciable. Asimismo, muchas civilizaciones no europeas, como las culturas de Mesoamérica y algunos pueblos de Asia, especulaban con la esfericidad de la Tierra ya en tiempos antiguos. No obstante, en el siglo XVI recién se pudo demostrar esta hipótesis gracias a la vuelta al mundo que emprendió en barco Juan Sebastián Elcano, como capitán sobreviviente del viaje iniciado por Magallanes.

Entre los 8 planetas actualmente considerados en el sistema solar, la Tierra se define como el mayor de los planetas sólidos, con 12756 km de diámetro ecuatorial, superando así a Venus, Marte y Mercurio, en ese orden de volumen. Asimismo, es el único que cuenta con un único satélite natural (la Luna), ya que los restantes planetas cuentan ya sea con al menos 2 lunas (como Marte) o bien carecen de satélites, como ocurre con Mercurio o Venus. Vale recordar que Plutón no es considerado en la actualidad un planeta, sino un cuerpo celeste de nivel intermedio (plutoide o planeta enano).

La Tierra está compuesta por cuatro grandes zonas o capas: la litosfera, la hidrosfera, la atmósfera y la biosfera; en tanto, es el único planeta que posee el 71% de su superficie cubierta por agua. Esta situación es la que explica el color azulado y también sin dudas la que ha permitido el desarrollo y la supervivencia de las especies vivas que la pueblan. Otra particularidad es la capacidad de homeostasis que esta presenta y que gracias a esta propiedad puede recuperarse de los peores desastres naturales en un muy corto plazo. Asimismo, es el único cuerpo celeste del sistema solar en cuya atmósfera se describe un predominio de nitrógeno y oxígeno, que resulta ideal para el crecimiento y desarrollo de los seres vivos.

Y respecto de sus movimientos, los estudios han demostrado que la tierra presenta al menos dos movimientos: el de traslación, que es el movimiento alrededor del sol, y el de rotación, que consiste en un cambio de orientación. El fenómeno de traslación se realiza sobre una órbita elíptica y demora un total aproximado de 365 días, por lo cual da lugar a un año calendario y a las 4 estaciones tal como las conocemos. Por otra parte, el proceso de rotación es el giro del planeta sobre un eje hipotético, que se completa en un período aproximado de 24 h y se considera responsable de la secuencia del día y la noche. Se destaca que la Luna realiza movimientos homólogos en relación con la Tierra, esto es, efectúa una traslación alrededor de nuestro planeta y lleva a cabo una rotación sobre su propio eje. Ambos procesos, a diferencia de lo que sucede con la Tierra, tienen una duración coincidente de 28 días, por lo cual nuestro satélite termina exhibiendo siempre la misma cara en los cielos de nuestro mundo.

Por consiguiente, se hace énfasis en la importancia de la Tierra por su condición única en el sistema solar, como cuerpo celeste habitable por todas las formas de vida conocida y, en especial, por el género humano. Dada la imposibilidad concreta que actualmente tenemos para “terraformar” (hacer semejante a la Tierra) a otros planetas o satélites, resulta fundamental preservar al planeta en forma responsable y sistemática.

 

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