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Definición de Suelo



El suelo, también conocido como tierra o parcela, es uno de los recursos naturales, junto al agua y el aire, más importantes con los que contamos los seres humanos, ya que este resulta ser esencial para la supervivencia de cualquier especie, humana, como dijimos recién, pero también para los animales y las plantas, porque si TODOS ayudamos a mantener su productividad con correctas y adecuadas prácticas agrícolas se logrará el equilibrio tan anhelado entre la producción de alimentos que en el se desarrollan y el cada día más incesante incremento de la población que lo pisa, en el sentido más literal de la palabra, se entiende ¿no?

El suelo se forma gracias a la combinación de cinco elementos, que además interactúan entre sí, como ser: material parental, topografía, clima, tiempo y organismos vivos y si se analiza su composición, encontraremos cuatro componentes: materia mineral, materia orgánica, agua y aire. El material mineral se encuentra representado por pequeños pedazos de rocas y minerales de varias clases, siendo la grava, la arena, la arcilla y el limo las partículas inorgánicas más importantes que se observan en estos. En tanto, el componente orgánico está dado por las plantas destruidas y resintetizadas parcialmente y los residuos de los animales. Este material de origen biológico forma parte de los procesos de reciclado correspondientes a los ciclos del carbono y del nitrógeno en la naturaleza. Así, la materia orgánica (procedente tanto de los animales y vegetales muertos y en descomposición como de las excretas de numerosos seres vivos) pasa a integrarse al suelo, en lo que constituirá una definitiva fuente de materias primas para que los vegetales sinteticen su propio alimento a partir de estos componentes. Vale destacar que la acción de las formas de vida que pueblan las capas del suelo (hongos, bacterias, protistas, lombrices, otros invertebrados) resulta cardinal para un mejor procesamiento y aprovechamiento de todos estos productos.

Por otro lado, el agua y el aire resultan determinantes y esenciales para el mantenimiento de los suelos, ya que, por ejemplo, la primera es retenida de forma variable dentro de los poros del suelo y, junto con las sales disueltas, formará lo que se conoce como solución de suelo, que será la nutrición esencial para que las plantas se desarrollen y crezcan. El aire no es un elemento continuo en el suelo, pero está localizado en los poros también y su humedad promedio es mucho más que la que se observa en la atmósfera. De esta forma, los factores abióticos del suelo variarán en cantidad y en calidad en función de las características químicas de la superficie y de los factores climáticos que lo modelan, junto con la erosión.

Existe debate entre los expertos en edafología (la rama de las ciencias que estudia los suelos) acerca de la consideración de los fondos marinos y fluviales como un estricto “suelo“. En su mayoría, concuerdan que se trata de superficies con características tan distintivas que merecen un análisis independiente que los diferencia de los ambientes terrestres y aeroterrestres que abordamos en estas líneas.

Por supuesto, las características del suelo en Argentina serán distintas de las que presenta el suelo en México o en España. Sin embargo, los estudiosos de la materia han reconocido algunas de las variaciones más importantes y por ejemplo, han llegado a la conclusión que los alfisoles (suelos ricos en hierro y aluminio), tal es el nombre de la clasificación y los molisoles (suelos de pastizales) son los mejores suelos para realizar prácticas agrícolas. En efecto, las características nutricionales de estas tierras son superiores para el adecuado desarrollo de las especies vegetales. En general, se postula que los suelos que tienen origen volcánico (como la llanura pampeana) contienen un número acentuado de minerales que favorecen el crecimiento de todo tipo de vegetales, la proliferación de factores bióticos y un mejor rendimiento en términos de la agricultura.

 

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