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Definición de Impulso



Un impulso es la tendencia que mayormente los seres humanos experimentamos aunque sea una vez en la vida y que implica el actuar movido por alguna emoción sin que haya mediado una deliberación previa de la razón.

Esta tendencia a “actuar sin pensar” está movilizada por el aspirar a algún tipo de contacto con otra persona que puede ser físico o bien emocional. En tanto, a aquellas personas que suelen observar en su conducta una reiterada tendencia a actuar valiéndose únicamente por los impulsos, se las denomina impulsivas. Suele ubicarse a esta característica dentro y junto a aquellas que determinarán la personalidad global de un individuo; por eso, será muy común que además de escuchar, a la hora de definir a alguien por su actitud, que una persona es amable, profunda, inteligente, buena, mala, también escuchemos decir de alguien que es impulsiva/o, porque recurrentemente lo mueve la emoción más que la razón.

También, es casi una ley sin letra, que la mayoría de las personas asocien y le otorguen al concepto de “impulsivo” una connotación y una carga negativa y será por esto que acompañado de la descripción sobre que tal es impulsivo, se le siga un serie de comentarios non sanctos al respecto, dado que, en general (y erróneamente), se suele calificar como impulsivos a la personas que ostentan un modo violento de responder a los estímulos o a las requisitorias. A esto se le debe que ahora el término goce de una muy baja popularidad entre la gente. Es menester dejar en claro que lo de “impulsivo” nada tiene que ver con una persona violenta, o sea, la persona que ya de por sí actúa de forma violenta tiende a responder de esta manera a todo fenómeno que ocurre durante la vida y además suelen observar una respuesta rápida y sin mucho pensar… pero no por eso cualquiera que suela ser impulsivo en su actuar debe ser tratado peyorativamente, eso sería un error.

Es interesante señalar que la impulsividad es diferente de la compulsividad, si bien ambos fenómenos parecen fundamentarse en el mismo sustrato neurológico: las variaciones en los niveles de dopamina en el sistema nervioso. Es en el cerebro donde discurren los procesos que dan lugar a que una persona sea fácilmente conducida por los impulsos, o bien por las compulsiones. Esto debe distinguirse de las famosas “corazonadas”, casi relámpagos de comprensión que permiten a un individuo anticiparse a los hechos o tomar una decisión en forma inmediata (impulsiva) aún en un ámbito en el que esa elección parece acaso poco racional.

En el otro lado, el opuesto podría decirse, para la física, el término “impulso” también ocupa un lugar privilegiado y se lo describe y entiende por ser la magnitud física de un objeto, que estará determinada previamente por la variación que experimente éste en la cantidad de movimiento. Vale destacar que es merced al conocimiento detallado de los impulsos que resulta posible definir e interpretar la trayectoria de un cuerpo sometido a la acción de una aceleración y luego librado a las fuerzas de la inercia o a la interacción con otros procesos que actúan sobre él. En virtud de los conocimientos físicos de los impulsos se ha logrado la proeza de los viajes espaciales tripulados y del lanzamiento de las sondas robot Voyager, las cuales persisten en su desplazamiento a través del espacio sideral a casi 40 años de su despegue desde la superficie de la Tierra.

Finalmente, el concepto de impulso también se ha homologado a la idea de estímulo, en especial cuando se trata de motivar la realización de una tarea por parte de una persona o de un grupo humano en un aspecto determinado. En este sentido, la homología del vocablo es más próxima a su aplicación en la física que en términos de las conductas humanas.

 

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