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Definición de Hombre



Se entiende por hombre a todo ser humano de sexo masculino, en oposición a aquellos de sexo femenino clasificados bajo el término mujer. Dentro de la categoría hombre pueden contarse las de niño, adolescente y adulto. Con frecuencia, el término hombre se utiliza también para referirse a la humanidad en general o al individuo en sociedad, sin distinción de sexo ni de edad. Así, la antropología es la ciencia social que se ocupa del estudio del hombre en tanto ser humano.

La ciencia en general, y la taxonomía en particular, prefiere reservar el término “hombre” para la especie biológica (Homo sapiens sapiens) y utilizar la terminología de “varón” para hacer hincapié en el sexo masculino. Sin embargo, el uso cotidiano ha impuesto al vocablo “hombre” para ambas acepciones prácticamente en todos los idiomas.

Desde el punto de vista biológico, un hombre es aquel ser humano que, producto de la fertilización del óvulo por parte de la célula espermatozoide, porta los cromosomas XY. Así, en el aspecto anatómico, el hombre contará con un sistema reproductivo constituido por los siguientes órganos sexuales: pene, testículos, vaso deferente y próstata. La función de estos órganos es producir semen portador de esperma que pueda unirse al óvulo de una mujer en la fertilización. En forma específica, los testículos son los encargados tanto de la secreción de hormonas (fundamentalmente andrógenos) y de la producción de los espermatozoides o gametos masculinos. Los vasos deferentes y el epipídimo son conductos a lo largo de los cuales estos espermatozoides maduran; en la próstata se secretan sustancias que completan la formación del semen. Finalmente, el pene es el órgano encargado de la copulación para permitir a los espermatozoides maduros cumplir con la fertilización. En la ciencia moderna, la Andrología es la rama de la Urología, y de las ciencias médicas en general, que se encarga del estudio de las funciones sexuales y de la reproducción masculina, con el propósito de tratar, entre otros, los trastornos de erección, la eyaculación precoz, la infertilidad y el denominado hipogonadismo.

En general, se utiliza el término pubertad para describir aquellas condiciones que marcan la transición de un hombre niño a un hombre adulto, al cual puede referirse como portador de características de masculinidad o virilidad, aunque muchas de éstas poseen un trasfondo social y cultural que evoluciona según las épocas y los contextos de cada nación.

A su vez, largos debates han tenido lugar en la historia de la humanidad y hasta nuestros días respecto de aquello que es masculino y aquello que no lo es. Lo que se conoce como machismo es una forma cultural que sostiene una hegemonía de lo masculino por sobre lo femenino, y así sugiere la virtud y jerarquía del hombre por sobre la mujer en distintos campos del orden social. Por caso, ciertos roles políticos, sociales o religiosos han sido históricamente dominio del género masculino, ya sea por normas o regulaciones, o bien por tradición o disposición cultural. Distintos grupos de hombres en el mundo han iniciado gestas en pos de la equidad de derechos respecto de las mujeres, a partir de lo que consideran una presión cultural por mostrarse superiores, más hábiles o preparados para ciertas situaciones sociales.

Es en este marco donde la ciencia médica ha distinguido históricamente entre el sexo cromosómico (XY para definir a un varón), el sexo genital (presencia de pene y testículos) y el sexo “social o cultural”. En la actual interpretación sociológica, esta última idea ha sido reemplazado por el llamado “género”. Así, se distinguen una serie de actitudes y modelos culturales que definen al “género masculino”, con algunos atributos propios del “hombre“. En esta óptica, muchas de las diferencias culturales o sociales entre hombres y mujeres se han atenuado o incluso desaparecido; en la actualidad, es posible distinguir a hombres desempeñando tareas tradicionalmente reservadas a las mujeres, así como el fenómeno inverso. Para el primer ejemplo se reconoce el nuevo papel de los hombres a nivel culinario y en las actividades relacionadas con la estética o el embellecimiento. Como contrapartida, se verifica a las mujeres en un creciente papel en las ciencias de la salud o en cargos de representación gremial o política. Por consiguiente, la definición de “hombre” o “mujer” alcanza niveles de complejidad inusuales en comparación con otras etapas de la historia, y debe abarcar tanto los clásicos aspectos de la biología y la anatomía como las novedades en relación con aspectos psicológicos, conductuales, sociales, culturales y antropológicos.

 

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