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Definición de Estrés



El estrés es un estado de ausencia de sosiego de un organismo frente a las exigencias que le proporciona el ambiente. En general, la vida cotidiana nos impone una serie de desafíos que requieren una continua adaptación de nuestra parte para poder sobrevivir; esta adaptación se logra movilizando los recursos internos que poseemos. Puede aseverarse desde esta perspectiva, que una mínima cuota de estrés es parte del desarrollo normal de todo organismo para poder desarrollarse. No obstante, cuando estas demandas sobrepasan a los recursos que se poseen para afrontarlas, las consecuencias se plasman en un detrimento de la calidad de vida.

En efecto, en presencia de una situación desafiante de cualquier naturaleza (física, psicológica o social), el organismos humano se encuentra preparado para afrontar el cambio mediante una serie de modificaciones del metabolismo. Por un lado, se incrementa la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la liberación de distintas sustancias estimulantes, como la adrenalina y la noradrenalina. Este proceso da lugar a una mayor llegada de sangre a los músculos, un incremento de la concentración, la dilatación de las pupilas y un mayor nivel de alerta. Estas variaciones son altamente eficaces durante una situación aguda, ya que permiten a la persona prepararse ya sea para enfrentar a la potencial amenaza o bien para huir (lo que los científicos anglosajones llaman “F&F”: fight or flight, pelear o escapar).

Sin embargo, cuando la “amenaza” en realidad no es un proceso agudo, estos cambios que resultarían beneficiosos en una emergencia se convierten en algo perjudicial, que da lugar a un mayor riesgo de diabetes, hipertensión, infartos, accidentes cerebrovasculares, manifestaciones depresivas, angustia e, incluso, mortalidad. Este “estrés crónico” es llamado por muchos expertos “distrés”.

Así, en las sociedades modernas los desafíos que se enfrentan suelen ser en exceso agobiantes y predisponen a diversas afecciones, tanto físicas como psíquicas. En particular en el ámbito laboral, el estrés se hace cada vez más patente, conllevando perdidas económicas por falta de productividad, además de la salud afectada del personal.

Los síntomas típicos del estrés son: jaquecas, sudoración en las manos, dolor de espalda, cansancio generalizado, aislamiento social, depresión, ansiedad, falta de sueño, irritabilidad, impotencia sexual, disminución de la libido, gastritis, úlceras, diarrea crónica o constipación, etc. También hay estudios que asocian el estrés con la obesidad y con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Es interesante señalar que el estrés no es privativo de los adultos, ya que se verifica que esta afección ocurre también en las edades extremas de la vida. Existe estrés en los niños y adolescentes, en ocasiones con incremento del riesgo de alteraciones de la conducta. También se describe la presencia de este mal de los tiempos modernos en las personas de edad avanzada, con un incremento considerable de los casos de depresión y ansiedad en estos individuos.

Uno de los aspectos curiosos a considerar es que aquellos países con economías más desarrolladas, en donde las necesidades básicas están cubiertas para la mayoría de la población, y en donde se goza de mayores niveles de consumo, sufren de tanto o más niveles de estrés que el observable en países subdesarrollados. Para muchos expertos, el modo de vida moderno conlleva una extraña relación causa-efecto con el estrés. Por un lado, las exigencias de la realidad motivan la permanente activación de los mecanismos biológicos y psicológicos que dan lugar al estrés. Por otra parte, el propio estrés interfiere con el ritmo de vida, generando numerosas dificultades en las relaciones sociales, laborales, culturales y familiares, cuyo resultado… es la perpetuación del estrés.

El modo más eficiente para afrontar un estrés nocivo consiste en limitar las obligaciones a una medida más adecuada a los recursos con los que se cuenta; para ello es necesario el establecimiento de prioridades y tareas secundarias. También es importante el desempeño de actividades físicas para descargar las tensiones y despejar la mente. En este sentido, las artes marciales ofrecen una veta de gran interés en todo el mundo, en especial cuando incluyen una alta cuota de componentes filosóficos.

Una ayuda relevante para los casos extremos puede aportarlo la psicoterapia, ya sea con el uso de fármacos o sin ellos. Asimismo, se dispone de recursos como las tareas de esparcimiento no deportivas, entre las que sobresalen las artes, como la literatura, la pintura, la plástica en general, el canto y, por excelencia, el teatro. Acaso la mayor dificultad del enfoque del estrés es la necesidad de modificar los hábitos de vida, dado que se hace indispensable reconocer la presencia del problema, de modo tal de realizar una adecuada aproximación para identificar cuales son las circunstancias que lo motivan. Aunque en muchos casos es el trabajo el principal motor del estrés, las relaciones sociales y el contexto urbano son causas que no pueden obviarse cuando se propone un abordaje integral de esta afección creciente en la población general.

 

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