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Definición de Empleo



El empleo es la concreción de una serie de tareas a cambio de una retribución pecuniaria denominada salario. En la sociedad actual, los trabajadores comercian sus capacidades en el denominado mercado laboral, que está regulado por las potestades del estado para evitar conflictos. La empresa sería el lugar donde las facultades de los distintos trabajadores interactúan con la finalidad de percibir una ganancia.

Este orden en la producción de bienes y servicios está íntimamente vinculado con el apogeo del capitalismo. En cambio, en los albores de la humanidad, el trabajo de las sociedades más prominentes era realizado principalmente a partir del uso de esclavos que no disponían de sus vidas y que estaban sujetos al tráfico comercial. En la edad media, por otra parte, el trabajo era realizado por los denominados “siervos”, que ofrecían parte de lo que producían al llamado “señor feudal”, que era el dueño de las tierras. Con el desarrollo de la burguesía, las relaciones sociales fueron cambiando, suprimiéndose el régimen feudal, pero manteniéndose la esclavitud.

Con la llegada del siglo XIX, el trabajo se aleja de esta situación ominosa y se acerca a la concepción vigente en nuestros días. Tanto la esclavitud como la servidumbre han sido erradicadas en gran parte gracias al reconocimiento de la libertad y el respeto a la integridad física y moral del hombre en documentos de organismos internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas (ONU). Precisamente en esta Declaración ambas formas de posesión de personas son totalmente abolidas (rechazadas) y el trabajo en cambio se concibe como una actividad que ejerce la persona, mediante la libre elección, sin la presión ni obligación de nadie que le exija realizarlo (esto no tiene que ver con las tareas y responsabilidades que cada uno tenga al interior de una empresa o un puesto laboral en particular).

La llamada Revolución Industrial derivó indirectamente en muchas de las protecciones que salvaguardan al trabajador en nuestros días. El reemplazo de la mano de obra por maquinaria tuvo en un primer momento perniciosas consecuencias en la sociedad, en tanto y en cuento abarató la mano de obra hasta llevar a la más profunda miseria a gran número de trabajadores. No obstante, esta posición desvalida del trabajador llevó al establecimiento de sindicatos que velaban por defender sus intereses.

Durante el Estado de Bienestar (Welfare State) consolidado sobre las bases del keynesianismo, los trabajadores, nucleados en sindicatos, lograron que fuesen reconocidos lo que hoy conocemos como “derechos laborales”. Entre otras cosas, desde ese momento, los trabajadores comenzaron a gozar de vacaciones pagas, días de descanso semanales de acuerdo a lo trabajado, jornadas de no más de ocho horas, y se incrementaron visiblemente los salarios de la época. La visión del hombre trabajador lo concebía además como un sujeto consumidor, por lo cual si a ese “hombre trabajador” se le aumentaba su salario, y entonces disponía de más dinero, esto favorecería la acción del “hombre consumidor”.

Con la implementación de medidas del llamado Neoliberalismo, muchos de estos derechos conquistados por los trabajadores se vieron visiblemente afectados. Una de las medidas más drásticas de los gobiernos neoliberales es garantizar la flexibilización laboral, que favorece de manera evidente a los capitalistas (empresas). Otra medida fue suspender los “fondos de desempleo” que se abonaban durante un determinado tiempo (3 o 6 meses, generalmente) a un trabajador al ser despedido de su empleo con o sin causa explícita.

En la actualidad, el empleo es una circunstancia difícil de garantizar para toda la población activa. Esto hace que los estados redoblen sus esfuerzos para reducir el número de desempleados al mínimo, y por ende paliar las consecuencias negativas que derivarían de esta situación.

En un contexto de crisis mundial, y de agitación social, sin embargo, no es fácil para los gobiernos vislumbrar qué camino o qué “recetas” económicas seguir para combatir el tema del empleo/desempleo. Por otra parte, tampoco resulta tan claro para la ciudadanía vislumbrar si realmente los gobernantes tienen la intención de implementar planes eficaces y viables para la disminución del desempleo y la promoción del empleo. En este sentido, la batalla aún la siguen los capitalistas. En zonas como América Latina o África, programas como los de Naciones Unidas intentan “empoderar” a las poblaciones rurales y a las mujeres para lograr economías sustentables que favorezcan además el desarrollo humano.

 

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