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Definición de Deuda



Se denomina deuda a las obligaciones contraídas con un tercero, ya sea una persona física o una mera entidad jurídica. La parte deudora también puede identificarse con una persona física o jurídica. La toma de deuda se realiza por diversos motivos, siendo los más relevantes para la economía aquellos que se relacionan con la inversión en áreas productivas. Como contrapartida, el deudor debe reintegrar el monto en una fecha pautada, agregando al importe un interés que representa la ganancia del acreedor.

Puede distinguirse entro dos tipos de deudas. Una es la deuda pública, que es aquella que los estados tienen frente a particulares, otros estados u organismos internacionales de crédito; generalmente esta consiste en la emisión de títulos de valores. El otro tipo de deuda es la denominada deuda privada, que consiste en aquellas obligaciones que mantienen los particulares.

También puede hacerse la distinción entre deuda externa e interna. La primera es aquella que implica acreedores extranjeros y tiene la ventaja de evitar el menoscabo del ahorro nacional. La segunda es aquella que se contrae con acreedores de origen nacional. La deuda externa ha sido un marcador de la política económica internacional para muchas naciones en vías de desarrollo, con necesidad periódica de refinanciación con la meta de evitar crisis financieras. Se recuerda aún la crisis de deuda que caracterizó a la Argentina a principios de siglo y que motivó la cesación de pagos más grande de la historia económica mundial.

Es muy importante manifestar que, en la actualidad, es inconcebible el desarrollo de la economía sin la emisión de deuda. Esto permite a las distintas entidades proveerse de liquidez cuando la necesitan y planificar estrategias a mediano y largo plazo que les permitan sustentarse financieramente. No obstante, no siempre el endeudamiento tiene consecuencias positivas. Muchas veces, esta se contrae con motivos especulativos o ajenos a una inversión que fomente el desarrollo. La consecuencia final de este uso incorrecto y casi delictivo del endeudamiento es la falta de inversión en áreas críticas para el desarrollo, como la salud, la educación, las vías de comunicación, la tecnología, el enfoque de los recursos energéticos, la vivienda y numerosos aspectos sensibles que hacen a la economía de una región o una nación completa.

Un ejemplo de mal uso de las herramientas crediticias puede ofrecerlo la crisis de las hipotecas subprime que se desató en 2007 y las consecuencias que esta tuvo en la crisis internacional de 2008. Básicamente, el problema consistió en la entrega de créditos hipotecarios con un alto grado de riesgo; cuando los inversores vieron señales de alarma y comprendieron que muchas instituciones bancarias y fondos de inversión tenían activos involucrados, el crédito se retrajo, afectando a toda la economía. Como consecuencia de este fenómeno, se desencadenó una crisis laboral, financiera y crediticia que desembocó en la pérdida de centenares de puestos de trabajo en las naciones desarrolladas, a predominio de Estados Unidos y el sur de Europa. En ese marco, se percibió la necesidad de la refinanciación de la deuda de Grecia y la necesidad de otros estados, como España, de tomar deuda en condiciones no favorables para evitar una catástrofe social.

De este modo, la deuda en sí misma no constituye un factor favorable o deletéreo, sino que su utilización de forma incorrecta o correcta es la que define su verdadero papel. Mientras que adquirir deuda para potenciar el crecimiento y el desarrollo permitirá la correcta devolución de esos activos después de verificar los réditos de la inversión, la disolución por mecanismos espurios de ese componente financiero sólo conduce a la generación de pobreza y devastación de recursos sociales, políticos, culturales e, incluso, naturales.

 

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