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Definición de Ciencia



Se denomina ciencia a un conjunto sistematizado de conocimientos adquiridos mediante un riguroso método. La palabra deriva del latín scientia, que significa conocimiento. Cabe señalarse que el criterio para definir al saber científico ha variado a lo largo de las épocas, pudiendo un conjunto de explicaciones ser valorada en el pasado y despreciada en el futuro. Más allá de esta apreciación, también hay que destacar que muchos descubrimientos y reflexiones del pasado todavía guardan vigencia.

Si bien en las primeras etapas de la sistematización del conocimiento humano se reconoce una distinción poco clara entre las ciencias y la fe o la devoción religiosa, el paso de los siglos permitió reconocer que, en realidad, se trata de dos herramientas diferentes para el abordaje de ese conocimiento, diferentes aunque no antagónicas, sino, en muchos casos, complementarias, a la luz de la opinión de muchos expertos.

En ese contexto, las raíces de lo que hoy se denomina “ciencia” deben rastrearse en la antigüedad. La cultura griega dejó numerosos escritos con avanzadas ideas científicas. También otras civilizaciones distantes se mostraron con probidad en esta materia, pudiendo servir de ejemplo las civilizaciones precolombinas. No obstante, sus ideas acertadas siempre se mezclaban con otras apreciaciones que distaban de ser científicas. En la misma situación se circunscriben las apreciaciones filosóficas asociadas con conocimientos empíricos que caracterizan, entre otras, a las farmacopeas de las culturas india y china.

El método que rige a la ciencia en la actualidad se enmarca a partir de una serie de pautas necesarias, tales como la posibilidad de que una teoría sea expuesta a pruebas experimentales que la contradigan o la falseen, la posibilidad de que las comprobaciones empíricas sean efectuadas por cualquier persona y la imposibilidad de verificación. Así, los pasos a seguir para respetar un proceso verdaderamente científico son: observar fenómenos; describirlos adecuadamente; extraer una regla general de ellos, elaborando una hipótesis que señale relaciones de causa y efecto; y finalmente, experimentar para comprobar o refutar la hipótesis.

Las disciplinas formales que ha servido como sustrato a todas las ciencias han sido la matemática y la lógica, especialmente en ciencias como la física y la química. Esto garantiza que las observaciones experimentales sean cuantificables y analizables a partir modelos sistemáticos. Así, en la actualidad, los epistemólogos prefieren efectuar una distinción entre las “ciencias nucleares” como la matemática y la lógica, en las cuales muchos conceptos son definidos por sí mismos sin necesidad de demostración concreta (axiomas), y las restantes disciplinas científicas. A su vez, estas ciencias pueden dividirse en las denominadas “fácticas” y las llamadas “sociales”. En el campo de las ciencias fácticas (física, biología, entre otras numerosas), el eje del método científico es de orden deductivo. Cuando se ha verificado una generalización, esta es aplicable al individuo; como ejempo suele aportarse que, dado que todo animal que da de mamar y tiene 7 vértebras cervicales es un mamíferos, en esta categoría o clasificación se engloban seres individuales y tan diferentes como un delfín, un simio o un erizo. Como contrapartida, las ciencias sociales (sociología, historia, psicología) reconocen a la inferencia como el paradigma de su estructura; a partir de lo ocurrido en los individuos, se intenta establecer una generalización para reducir al máximo de las posibilidades las influencias subjetivas.

En la actualidad, las inversiones para lograr avances en las distintas disciplinas científicas resultan considerables. Esto se debe principalmente al afán de alcanzar conocimientos que redunden tanto en beneficios económicos como en mejoras para la calidad de vida de la gente. En este contexto, resulta de interés verificar la necesidad de apoyo financiero a la tarea de los científicos, en condiciones ideales desde el propio Estado, con la meta de alcanzar una optimización de la situación de toda la población. El patrocinio de entidades privadas u organizaciones no gubernamentales resulta también una herramienta de enorme ayuda, en especial en investigación farmacológica (ciencias fácticas) y en el abordaje de numerosas problemáticas poblacionales (ciencias sociales), en orden respectivo.

Finalmente, si bien en ocasiones el componente ético de la ciencia ha sido motivo de debate, es prudente advertir que la ética es en sí misma una ciencia, objeto de cambios dinámicos y estudio. Asimismo, como reconocen expertos en ambos temas de distintas orientaciones personales y culturales, si bien la ciencia como entidad abstracta no tiene ética, sí la tienen los científicos, lo que resulta un hecho relevante tanto en la experimentación como en las aplicaciones cotidianas del creciente conocimiento humano.

 

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